rastro

08.04.2015

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Últimamente huelo a hombre que tiro para atrás.

No es que se me hayan descompensado las feromonas, ni que detecte en mi piel el rastro de un olor que no me pertenece, que eso me sucede a veces y me despierta un curioso contraste de sensaciones. Esta vez ha sido la casualidad la que ha dejado mi aroma con un tufo decididamente masculino.

Por un lado, el desodorante: durante un tiempo desapareció de las estanterías el que me gusta en versión femenina, así es que ante la trágica posibilidad de quedarme sin él, decidí agenciarme el de caballero, sin saber cómo iba a oler. Y por otro lado, me he comprado una colina que abajo pone “men”. Y no por descuido, si no por atrevimiento. Es una que ayudé a mi hermana a elegir para regalársela a nuestro común padre por Reyes y me encantó, me parecía que podía pasar por unisex, así que me la compré… Pero no. Huelo a tío (como dice mi otra hermana), a macho, al Jacks que buscaba la del anuncio, a lo que cantaban (Ay!) Mocedades ¿o era Ay! Amor de hombre? A saber. Lo mismo es.

Huelo constantemente como alguien que tiene pene. Y, sintiéndolo mucho, así va a tener que ser mientras me dure el perfume y el desodorante, que no está la cosa como para tirar los botes, por mucho que no se correspondan con el sexo que Dios te dio al nacer. Total, eso de la diferenciación olfativa por género no deja de ser parte de las convenciones sociales… y todos sabemos que esas se pueden fumar. Fuego ¿quién me da?

Es miércoles. Buenos días!

12.11.2013

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Fruto del sol, la buena temperatura y el tiempo libre del que disponía la semana pasada estando en Málaga de vacaciones, mis pasos me llevaron una mañana por casualidad hasta un mercadillo callejero de trastos viejos. No de antigüedades; insisto, de trastos viejos. Cachivaches en su mayoría mal tratados por el paso del tiempo que, cuando se juntan con otros congéneres que han sufrido parecida suerte encima de una manta despiertan en mí todo un racimo de sentimientos: asco, atracción, pena, curiosidad, rechazo… ¿De quién serían esos patucos? ¿Qué es aquello que brilla? ¿Alguien comprará esa sartén con grasa rancia?

No podía dejar de asombrarme de lo que ofrecía cada puesto, una colección de despojos de la vida de cualquiera, en la mayoría de los casos sin limpiar siquiera, como si presentarlos en toda su miseria fuera el último grito en estrategias de marketing. Torres de CD que se han quedado ya sin habitantes, bolos de plástico de colores con los que nadie jugó, ropas de bebés que hoy tendrán más de 40 años, zapatos que ya han dado todos sus pasos, electrodomésticos que nadie recuerda para qué servían, maletas que han dado varias vueltas al mundo y juegos de café anteriores a Juan Valdés…

Los rastros se llaman rastros porque lo que se vende deja pistas de la vida de quien lo usó? Qué tendría mi rastro? Alguien lo compraría??

12 de noviembre. El día en que en 2005 se presentó el primer Diccionario panhispánico de dudas. ¿Dudas? Buenos días…