recuerdos

05.08.2015

Posted on Actualizado enn

Sé que la Navidad es la época en la que la mayoría de la gente saca su nostalgia a pasear, pero yo soy un poco rarita para esto de las fechas y a mí suele ser en verano cuando me da…

Veo el paisaje desde una ventanilla y se me inunda la cabeza de recuerdos de mi infancia y mi adolescencia: los viajes interminables, los pueblos en los que parábamos por costumbre a desayunar, el caos sistemático al cruzar Sevilla… Son recuerdos buenos, bonitos, que me sacan la sonrisa, pero que dejan también un punto de hiel: el saber que son tiempos pasados que ya no van a volver.

He ahí, la nostalgia.

Y aunque el presente sea mi bandera, ni renuncio ni reniego de lo que fueron aquellos años; tan fáciles de rememorar para quienes los hemos vivido y, a la vez, tan difíciles de poner en palabras. Por eso, hoy quiero compartir una pincelada de recuerdos con la ayuda del Señor Delafé, que ha logrado -en una canción- resumirlos tan bien.

Podéis escucharla y dejar que os transporte porque esto es la canción del verano.

Esto es la canción del verano… de 1984

“Sangría congelada, paella marinera,
melón, carajillo y popeye de limón”
(…)
“Colchonetas, flotadores, motos de agua, motos de baja cilindrada dando la lata, brisa placentera, mediterráneo, calma, siesta, la abuela también duerme la siesta”
(…)
“Jefe!! Póngame… un pollo al sacúdame la arena, pelo enredado, novela negra, niño perdido llorando entre el gentío, Alberto ¿Dónde coño te has metido?”
(….)
“Los que tienen categoría -y los que no también- bailamos la conga por que…

Esta es la canción del verano y es que esta es la canción de verano de 1984”

 

Y buenos días de verano… 31 años después.

29.04.2015

Posted on

Lo bueno de compartir un pasado histórico y cultural común con los miembros de tu generación (entendiendo aquí que generación implica un amplio abanico de edades que distan tranquilamente hasta 20 años entre sí) es que así es muy fácil entenderse los chistes y poner en común los recuerdos.

 

Todos tenemos en la memoria las mismas imágenes en tonos anaranjados, los mismos programas de la tele, los mismos juegos y juguetes; incluso idéntico orgullo de pertenecer a ese grupo. Por eso, aunque no soy de las que se deja arrastrar con facilidad por los cantos de sirena de la nostalgia, de vez en cuando acabo con una sonrisa bobalicona hablando de pequeñas tonterías del pasado.

 

Para ser más exactos y por lo que he derivado en esta reflexión ha sido por los helados… El otro día nos batimos en duelo Mati y yo a cuenta cada una de su bando: ella era de Frigodedo y yo de Frigopie. Ella insistía en que, aunque el suyo era de hielo, no era hielo del que muerdes y te da un escalofrío en los dientes, si no que tenía una película cremosa por fuera. Yo le digo que es imposible, que eso no se inventó hasta los Fantasmikos… Afortunadamente, no llegó el polo al río porque llegamos a un Entente Cordiale vía Twister de nata y chocolate, que nos gustaba a todo el mundo ¿cómo pudieron dejar de fabricarlo?

 

El caso es que a cuenta de la conversación, buscamos un cartel de los helados de aquellos años, antes de que se inventaran los Mágnum y casi terminamos las dos llorando no ya por los recuerdos, si no viendo los precios que pagábamos… y es que no hay nada para hacerte sentir mayor como la puñetera inflación ¿o lleváis encima 70 pesetas para comprar un Superchoc?

 

En fin… Retocaremos digitalmente la imagen para quitarle el sepia, que la vida -y los precios- siguen su rumbo… Miércoles. Buenos días!!

Cartel Frigo helados antiguo

14.01.2015

Posted on Actualizado enn

Desde pequeñita tengo cierta tendencia a coleccionar. Esto es, acumular una serie de objetos de similar naturaleza contenidos en un mismo espacio físico -generalmente una caja- que sólo se abría  para incorporar un nuevo elemento a la colección, instante en el que aprovechaba para deleitarme con su contenido, pronunciar las palabras en modo Golum ‘mi tesoro’ y volverla a cerrar hasta la siguiente novedad.

 

Probé con llaveros y postales durante una larga temporada, con entradas a teatros y conciertos y hasta de invitaciones de boda tengo llenita otra caja. Pero al final todo empacha.

 

Mi mayor colección, a decir verdad, está formada por objetos variopintos que -en su momento- llevaban asociada alguna historia personal detrás: piedras, flores secas, servilletas, alguna pluma, el envoltorio de un caramelo, una carta de la baraja, un trozo de tela, una vela medio usada… Cosas muy simbólicas cuando recordaba la aventura que llevaban aparejada pero que, con el correr de los años han ido quedando olvidadas, de tal manera que lo que tengo ahora son varias cajitas llenas de guarradas… Pero soy incapaz de tirarlas.

 

A mejor vida han pasado ya otras colecciones que me labré con el duro esfuerzo de la paciencia y el pirateo: películas, discos… Hasta muchos de mis preciados libros han acabado relegados a la casa del pueblo. Ahora todo queda reducido a megabytes en el disco duro, archivos que suben y bajan al ritmo de mis presentes anhelos. Es duro al principio, pero ganas espacio y pierdes peso (aunque sea en el piso y no en el cuerpo).

 

Ahora mi espíritu de coleccionista atesora otro tipo de objetos: recuerdos, momentos, palabras… Y este blog se nutre de ellos. Miércoles. Buenos días!

26.02.2014

Posted on Actualizado enn

El otro día estuve viendo la peli que hicieron hace un par de años sobre  Hitchcock y que queréis que os diga: ni fu ni fa. Creo que tenía buenas críticas, se deja ver con facilidad y los actores no están mal pero ¿el argumento? ¿no se queda un poco flojo? Se asoma a la vida del maestro, eso es verdad; pero contar, lo que es contar…

No pude evitar recordar a mi abuelo materno, que no era demasiado aficionado al cine pero al que le gustaban las películas con empaque, estilo Ben-Hur: las que tienen una gran historia por argumento y dejan buen sabor de boca al acabar; las películas, como él decía, ‘de envergadura’. Recuerdo una en particular sobre un padre viudo al que los servicios sociales separaban de sus cuatro hijos a los que con años, sufrimiento y decisión, lograba recuperar. Cuando terminó nos dejó a todos al borde de la lágrima, incluso a mi abuelo, que camufló esa emoción tras una ancha sonrisa de satisfacción y un “Carmencita, esta película es de envergadura” monumental. Esa coletilla nos ha quedado en casa para reseñar esas epopeyas que te hinchan el corazón… Porque, al final, eso es lo que perdura: el recuerdo de una historia, la película de una vida y, con el tiempo, un sabor dulce en el paladar: el que deja una persona ‘de envergadura’

Miércoles. En España, 56° aniversario del uso del espejo retrovisor: de vez en cuando, hay que mirar atrás. Buenos días…

21.02.2013

Posted on Actualizado enn

Los que nacimos -fotográficamente hablando- antes de la era digital, recordamos bien la emoción que suponía llevar un carrete a revelar. No necesitabas apuntarte en la agenda el día de la recogida porque era impensable que se te olvidase. Por aquel entonces revelábamos 4 o 5 carretes de 24 (como mucho de 36) al año… y eran un acontecimiento. Con este recuerdo en la mente es más fácil comprender el acontecimiento que supuso un 21 de febrero como hoy, en 1947 la presentación al mundo de la primera cámara que revelaba y positivaba la imagen en tan solo 60 segundos: la Polaroid Land Camera de Edwin Land. Hasta hace cuatro días -como aquel que diu- seguía siendo un invento fascinante, pero el ‘aquí te pillo, aquí te mato’ de la fotografía digital se lo ha llevado por delante… No me malinterpretéis, mi réflex es digital y no volvería a lo analógico ni encadenada, pero aquellas emociones y aquellos colores polaroid siempre serán un recuerdo feliz…

Jueves. En Manresa, Fiesta de la Llum: la conmemoración -668 años después- de la misteriosa luz divina que vino a resolver el mundano problema de la disputa por una acequia. Lo leo y no lo creo… Buenos días!!!

07.11.2012

Posted on Actualizado enn

No doy crédito. Acabo de levantarme por tercera vez a mirar el calendario y lo pone bien clarito: Santa Carina ¡toma ya! ¡¡¡Que Carina figura en el santoral… y yo no!!!

Esto debe ser porque está empíricamente demostrado que -a diferencia de ella- yo no sé buscar en el baúl de los recuerdos; a las pruebas me remito: mi pasaporte sigue sin aparecer. Pero no acaba ahí la historia del dichoso documento, no. Ayer decidí rendirme a la evidencia y fui a hacerme uno nuevo… y resulta que no me lo hacen ¡¡¡!!! ¡Eh! Quietas esas malas lenguas que dicen que me busca la Interpol. No es eso. Es que llevaba la misma foto que tengo en el DNI, que es de hace 2 años y 10 meses y por lo visto la foto debe tener un máximo de 2 años de antigüedad ¡Venga ya! ¡Si estoy igual! (¿o no?)

Así es que nada, iba yo a comentar que hoy hace 16 añitos del lanzamiento de la Mars Global Surveyor, la primera misión en llegar con éxito al planeta rojo en 20 años, que estuvo mandando datos e imágenes hasta su última señal el 5 de noviembre de 2006 pero… ¿Para qué hacerme ilusiones con Marte si -sin pasaporte- no me van a dejar ir ni a la vuelta de la esquina? Una pena que la jurisprudencia no la dicten Los Rodriguez y aquello que cantaban… “Déjame atravesar el viento sin documentos…”

Miércoles (casi jueves para los que laboramos en Madrid capital), fríos miércoles. Muy buenos días!!