relax

04.12.2015

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A cuenta de pasarme unos días haciéndome pasar por una jubilada ociosa, me he dado cuenta de que, para esto, también hay que tener escuela.

Mira que yo pongo mi mejor cara de ‘el tiempo y la estética no me importan nada’ y que el puñetero tinte vuelve a dejar asomar mis canas, pero no cuela. Cuando llego a los bancos del final del paseo marítimo, ellos ya los han ocupado. Si se me ocurre sonreirle a alguna paloma, ellos ya la tienen cebada. En la mesita perfecta de la cafetería, siempre hay alguno afincado jincándose una cerveza helada… Y a mí se me queda cara de atontada, porque me siento como una intrusa en ociolandia.

Y eso que yo tengo más juguetes que ellos: mi mp3, mi eBook, mi móvil y todas mis chorradas, pero no tengo esa capacidad de emplear el tiempo en ver el sol desplazarse por el cielo. Mis minutos reclaman siempre su finalidad: leer, escribir, pasear, relajarme… Coño! Que llega la hora y no me ha dado tiempo de relajarme casi nada!

De verdad que no sé si ese poso me lo va a dar la edad, porque el relax siempre se me ha dado fatal. Me pone un poco nerviosa, vaya. Recuerdo el día que en un balneario tuvo que venir el médico a socorrerme porque me dio un jamacuco en una bañera llena de sales y cáscaras de naranja en la que sólo tenía que ‘estar’.

En fin… Por ahora y por suerte, he podido escapar estos días a respirar aires más limpios, a empaparme de sol luciendo tirantes en pleno diciembre; a pesar de que mis amigos me odien cuando les mando fotos paseando por la playa y a pesar de que no saque buena nota en la asignatura ‘tranquilidad’. Tranquilos, que ya se me acabarán! Buenos días, buen puente y felices escapadas.

02.09.2013

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Infinita pena me da que las tan deseadas vacaciones de agosto hayan llegado a su fin. Estoy de vuelta. No de vuelta de todo -que siempre me quedarán terrenos por explorar- pero sí he regresado de las tierras del estío vacacional; y, aunque lo he hecho a regañadientes, tengo que reconocer que cierto exceso de relax aturde un poco.

Disfruto como una cría de los cálidos días de mi pueblo pero, cuando llevas dos semanas repartiendo tus quehaceres entre piscinas y mojitos, las neuronas acaban por ablandarse con la humedad y pierdes incluso el tono muscular cerebral. Me di cuenta una noche en la que flojeé en la discusión de sobremesa: intentaba argumentar mientras chupaba por una pajita recostada en una silla. Y así no, oiga. Así se espachurra el gusanillo de la vehemencia y no luciría ni el famoso discurso del big stick que Roosevelt pronunció un 2 de septiembre como hoy, en 1901. Y es que -a las pruebas me remito- las pasiones también se pueden ir de vacaciones…

Afortunadamente soy un poco tonta y que este mal de no habituarnos a la piel de nuestra propia rutina nos embargue a muchos, me da cierto consuelo; así es que a todos los que hoy andáis en fase de reincorporación desearos paciencia y buena suerte en tomar de nuevo las riendas del día a día sin la languidez veraniega, pero sin olvidarnos de lo aprendido: que a cualquier cosa podemos darle un tiempo de descanso. Bienvenidos y buenos días!!