reloj

02.09.2016

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Y así, sin más ruido que el de cuatro gotas de lluvia que han sonado poco pero dicho bastante, ha llegado septiembre.

 

Viene, como siempre, con la amenaza velada de traer el otoño entre sus pliegues. Y me ha cogido por sorpresa, a pesar de tenerlo vigilado, a pesar de usar el calendario como una herramienta de trabajo.

 

Pero suele pasarme. Conservo intacta la ilusión veraniega porque la vuelta me ha dejado en el punto de partida aunque en el lado más vacío del reloj de arena, con el estío escapándose grano a grano. Total, cambio de año emocional pero por lo visto no cambio nada más…

 

A ver, que el agua fluye y mi vida también es uno de esos ríos que van a dar al mar -que diría el poeta- y tal. Y los cambios se van produciendo, por supuesto, pero con su propia cadencia, sin coincidir necesariamente con el calendario escolar.

 

Así, ayer sentía cómo el engranaje de la cotidianeidad me atrapaba sin escapatoria. Vuelvo a ir a nadar. Vuelvo a atar los devaneos mentales con cuerda corta. Vuelvo a caer en mis propias marañas. Vuelvo a desear pecar. Vuelvo a subir, vuelvo a bajar. Vuelvo a una vida que no es rutinaria pero me lo parece por ser conocida, por ser la mía.

 

Una vez más necesito escribir y dejar en puntos suspensivos lo que no quiero hacer verbo, porque -en realidad, casi siempre- pocas palabras no bastan y, como estamos a principio de curso, me doy el lujo de dilapidarlas…

 

Viernes… pero septiembre. Buenos días!

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03.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 2

 

Fue un martes, señor agente, lo recuerdo. Aún hacía buen tiempo…
Acababan de anunciar en el telediario un gran descubrimiento; por lo visto un equipo de investigadores -de esos que nadie está seguro de lo que andan haciendo- habían encontrado el mayor de los secretos ‘La fórmula de la felicidad, ya es un hecho’ dijeron ellos.
Tampoco pude prestar más atención, se hacía tarde y, a mis años, de esas noticias he aprendido a no fiarme. Ya sabe como les gustan los titulares a los periódicos: hallan la cura al cáncer, la vacuna contra el SIDA, el método para cultivar arroz en terreno yermo… Pero al final del día, la gente sigue muriendo y las grandes esperanzas se diluyen en pequeños misterios.
El caso es que yo tenía faena por delante; limpiar piezas, desmontar un engranaje, calibrar algún péndulo..  no puede uno despistarse cuando regenta un negocio pequeño. Y aunque estén encerrados en un puñado de relojes rotos, los minutos siguen corriendo.
Apagué el televisor, salí a la calle y ya noté algunos cambios. La noticia se estaba extendiendo: algunas miradas y muchos corrillos hablaban de ello… Será verdad? Será posible? Será bueno? Allí los dejé debatiendo. Buenos días, compañeros!

A un relojero, cuando es viejo, no le sobra el tiempo.

12.12.2014

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Hoy me apetece robar palabras. Aunque es un asalto con trampa: uno de esos pequeños póster que cuelgan en el metro y que con la consigna ‘Libros a la calle’ pretende incitar a la gente a leer.

 

A mí, personalmente, me parece una iniciativa tan bonita como inútil; creo que los carteles sólo los leemos un chino y yo. El chino no los entiende y lo mío es puro vicio… En serio, lo de incitar a la gente a la lectura es algo que parece que hay que hacer por narices pero que no suele ser muy productivo: el que se acerca a un libro por obligación acaba aborreciéndolo. Mi táctica con mi hermana es mucho más expeditiva: por un lado le cuento el argumento del que me esté leyendo yo como si fuera una peli de Hollywood y por otro le lanzo ironías descarnadas sobre lo limitado de su intelecto por no tener esa afición. Pero por lo que al resto del mundo respecta, mi filosofía se resume en dos palabras: allá ellos.

 

Total, (que me enrollo) que el fragmento que leí el otro día me cautivó y quería compartirlo con vosotros cual décimo premiado. Es la historia de por qué los elefantes no llevan reloj. Y es tan simple y breve como compleja y bonita, posiblemente resultado de mezclar tiempos y trompas o quizá porque todos tenemos algo de elefante: no la gruesa capa de piel que nos envuelve (yo desde luego no), si no su inocencia.

 

Además es viernes, un día estupendo para que se nos despiste el paso del tiempo. Buenos días!

 

LibrosALaCalle_PorQueNosPreguntamosCosas

01.08.2014

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El reloj de arena nos cabecea otra vez de un lado, acabamos de darle la vuelta: julio se ha quedado vacío y agosto viene con 31 granos. Y aunque quizá debiera estar tan contenta, dando saltos, porque las vacaciones se están acercando, la verdad es que me hubiera gustado alargarlo.

No es que no me apetezca la holganza estival, que por supuesto. Pero es que el modo más seguro de que algo se termine es empezarlo, mientras que no hay desgaste durante el tiempo que pasamos esperándolo con ganas por anticipado… En un mundo en el que se prefiere lo inmediato, yo siempre he gustado de relamerme antes, como los gatos.

Para el caso supongo que da lo mismo. De preferencias no entienden los calendarios. Toca arrancar la hoja queramos o no queramos y, en este blog, comienza el horario de verano. El gato salta de los teclados a los tejados y hasta que no vuelvan las rutinas, no volveré a publicar a diario. Dicho de otro modo: vuestro apoyo constante también merece un descanso. Disfrutadlo. No estaré muy lejos… En algún alféizar…. Curioseando.

Viernes muy viernes. Muy buenos días!!

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