renglones

23.02.2015

Posted on Actualizado enn

En ocasiones veo renglones torcidos.

Y no es una metáfora que quiera plagiar, de camino, a Torcuato Luca de Tena. Es literal.

Líneas que me consta que están rectas y encuadradas, las veo ligeramente caídas. De lo que deduzco que, si no son ellas las que escoran, será que escoro yo.

De repente, me asalta una paranoia hipocondríaca severa y me imagino presa de una terrible enfermedad, así es que acudo rauda al doctor Google a consultar…

Y me hincho a leer páginas sobre la DMAE (Degeneración macular) que además resulta que la tenía mi abuela y puede ser hereditaria; pero después de repetir tres veces con cada ojo el test de la rejilla de Amsler -para sorpresa del resto de usuarios de metro que me rodean- concluyo que ni mi edad ni la claridad con que aprecio las líneas hacen sospechar que padezca esa enfermedad.

Toca bucear un poco más hondo en la red. Es que a nadie más le pasa? Sí hay una muchacha de 27 años en un blog de salud (que no debe ser muy saludable porque Chrome me advierte que no puede garantizar mi seguridad en esa página) que dice que al colgar un cuadro lo ve torcido. Eso es! Y yo tengo en casa dos cuadros por colgar!! Pero el oftalmólogo le dice que eso se llaman metamorfopsias (¡!) y que a su edad -no siendo miope- no se tienen por qué dar. Y la manda a otras web a navegar…

Pues me quedo igual: ni miopía ni mácula, a Dios gracias. En realidad veo fenomenal. Sobre todo si me comparo con la señora de enfrente que separa el móvil todo lo que el brazo le da, o la chica de al lado, que lo tiene pegado a la punta de la nariz… A mí me pasa, nada más que -de tanto en tanto- algún horizonte se me vierte… Pero no creo que sea el de este lunes. Buenos días!

P.D.- Hoy alguien ha escrito en su blog “Como a todos los que usamos habitualmente el metro, la convivencia con chalados de distinto grado no me sale en absoluto de alto. Esta mañana llevaba sentada enfrente a una chica de apariencia normal, que debía estar más para allá (que para acá). No paraba de alejar y acercar la pantalla del móvil a la cara mientras se tapaba primero un ojo, luego el otro. Pobrecita. Será uno de esos renglones torcidos de Dios sobre los que escribía Luca de Tena…”

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