repetir

30.05.2014

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Da igual cuantas veces nos pongan delante la misma puñetera piedra; siempre podemos volver a caer. El escarmiento es, por lo visto, flor de un solo día: se marchita en cuanto se enfría.

Y nosotros -muy ofendidos porque de tanto tropezón nos duele el pie- volcamos nuestra ira contra la piedra, como si ella pudiera elegir su manera de ser… ¡Noooo! La piedra, piedra es. No es inteligente, carece de empatía y probablemente no conoce la mala fe. Se cree compleja pero no llega ni a simple: es su naturaleza rocosa quien la empuja a hacernos caer. Culpa nuestra es confiar en ella y no levantar más el pie.

Esquívala, me dicen algunas… pues podría ser. Pero yo no sé andar con miedo a errar y, si no me implico con mis baches, ¿con cuál?

Puntera de acero en las botas, me recomiendan otras… podría ser también. Pero ¡que pena! la vida de un canto rodado no debe ser buena.

Al final, el golpe se lo lleva tanto la piedra como quien se lo da. Y es el tiempo el que tiene fama de poner a cada uno en su lugar: erosiona la roca, la reduce a polvo, le lima las aristas… y a nosotras nos hace más listas.

Y así, entre chinitas y pedruscos, la vida va pasando. Quién sabe si en ese sendero, una misma no acabará rodando… Viernes. Espero que esta mañana encontréis despejado el camino del fin de semana. Buenos días!!

01.04.2014

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Nada como organizar una comida en tu casa para darte cuenta de que, después de mucho protestar, te has convertido en tu madre: vienen 4 pero preparas comida para 40, rellenas los platos hasta que se salen, insistes en que repitan, les animas a que se lo terminen, no consientes que prescindan del postre y no pones el culo más de dos minutos en la silla hasta que llegas al café.

Además es que te vas dando cuenta de todo mientras sucede, pero no lo puedes evitar; como si tuvieras el íntimo y pleno convencimiento de que esos angelitos, pese a su aspecto saludable, no han tenido en su vida un plato de macarrones delante. Al ‘no puedo más’ respondes automáticamente ‘sólo otro cacito’, al ‘ya estoy lleno’ un ‘pero te comerás un flan’ y sólo reaccionas cuando te preguntan dónde está el baño para ir a vomitar…

Para colmo, tus propias papilas gustativas están atrofiadas y eres incapaz de decidir si el pollo está salado o picante y, por supuesto, no te conformas con un ‘todo muy rico, gracias’, te embarga una inseguridad hasta ahora desconocida y necesitas un refuerzo positivo que no habías requerido jamás: si no te dicen un mínimo de 25 veces, de motu proprio y con cara de sinceros lo buena que está la comida, te sientes fatal; crees que han arrebañado el plato y te han pedido más sólo por disimular ¡¡Ay!! ¿Quién me lo iba a decir a mí?

En fin, ¿Un poquito más de martes? ¡Venga, otro cacito más de buenos días! Feliz comienzo de abril.