ritmo

30.09.2015

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De todas las esperas por las que uno pasa en esta vida, ninguna es tan ingrata como la de la muerte.

 

No me refiero a esa figura metafórica en la que oímos cómo el grifo del tiempo va goteando nuestros días formando un río que va a desembocar a la tumba, si no a la espera literal de la mortaja. A sentarte en un butacón de hospital mirando con aprensión un calendario sabiendo que antes de que arranques la próxima hoja, la hoja de la guadaña te habrá arrancado a una persona querida.

 

Y lo cierto es que aunque suene bonito así dicho, no tiene un carajo de poético. La agonía vista de cerca, a cámara lenta y monitorizada es una opereta espantosa. Quizá porque en las dramatizaciones buenas, las despedidas tienen su ritmo, están bien pautadas, bien medidas; cuadran con el metraje final. Pero en la vida real eso no pasa. La escena se te llena de miradas tristes, la mirada de vías intravenosas y mascarillas de oxígeno que tapan la boca y la boca se te atraganta con palabras de enfermedad: saturación, constantes, albúmina, hemoglobina, función renal… Y la despedida no acaba de encajar. Porque entre los besos sentidos, las manos que se buscan y se aprietan en silencio y las miradas que resumen lo que no se atreven a decir las palabras, resulta que tienes que mear y cagar; y llevar el coche al taller; y leer los chistes que te llegan por whatsapp. Porque en las películas, cuando empieza la música sentimental, el resto de acontecimientos se detienen, y sabes cuando llega el minuto exacto de decir adiós y luego cae el telón. Pero sin esa dirección artística, sentarse a los pies de un lecho de muerte tiene tanta poesía como un jodido folleto del Media Markt.

 

No. No hay espera más infructuosa ni despedida más definitiva y, sin embargo, no se acompasa ese último compás.

 

Vuelve a ser miércoles. El pulso de mis días se ha vuelto a reiniciar. Buenos días.

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16.07.2015

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A pesar de que las estadísticas dicen que los radares se hinchan a poner multas de tráfico por exceso de velocidad, hay una especie de ley universal por la cual, cuando vas con el coche y con prisa, se te coloca delante el único que no la lleva: el lento, el pasmao, el equivalente de cuatro ruedas a una puñetera tortuga. Y esto pasa SIEMPRE ¡!

Que yo lo cuento y me dicen que será que yo voy demasiado rápida; pero eso no es necesariamente verdad. Es cierto que, en ciudad, me gusta conducir con cierta agilidad y que valoro esa cualidad en los que llevo por delante; pero entiendo que cada cual pueda llevar un ritmo… Lo que no podré entender jamás es que ayer, por ejemplo, me tocara hacer 10 kilómetros en una carretera de 90 km/hora detrás de una furgoneta que me llevó todo el camino a 40!! Y sin posibilidad de adelantar!!!

¡Hombre por favor!
Repito.
¡Hombre por favor!

Eso no se hace. Si llevas la furgo averiada, pones las lucecitas naranjas y te apartas, si te mareas, paras y vomitas, si no encuentras el acelerador, paras y lo buscas… Me da igual el motivo. Eso no se hace. Coño, que llevaba una caravana larga como ella sola y encima el tipo sacaba y mecía la mano por la ventanilla!! Guapo, que llevas una furgoneta blanca matriculada antes del whatsapp, no un BMW!!  Cómo sería la cosa que yo creo que iba cargada de melocotones y acabaron hechos mermelada. No digo más.

El caso es, a lo que íbamos, que el universo tiene sus propias leyes de la enseñanza y la ironía, que suelen darte curiosas bofetadas: que tú llevas prisa, te freno; que quieres calor, te asfixio; que te pones morbosa, te despierto.

Y de esta manera los planetas mantienen el equilibrio.

Es jueves y la Virgen (del Carmen). Buenos días!

27.11.2014

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Por fin he decidido a qué quiero dedicarme.

 

En realidad no ha sido una decisión consciente, si no un descubrimiento sorprendente: me he dado cuenta de que, cada vez que cierro los ojos y tengo música puesta aparece en mi mente una especie de vídeo musical colorista con bailarines que ejecutan pasos casi imposibles pero con un resultado de lo más vistoso. Ergo, debería ser coreógrafa.

 

Sí. Eso creo. Así daría rienda suelta a esa simetría asimétrica que siempre me bulle en la cabeza. Y tendría, además, la excusa perfecta para ir mirando caleidoscopios como quien consulta enciclopedias.

 

Porque siempre he creído que el ritmo forma parte intrínseca de la misma esencia del ser humano; puede que sea incluso esa característica que nos diferencia (o al menos una de ellas). Somos animales que escriben, que razonan, que se cuestionan a sí mismos, que practican el sexo por puro placer y los únicos que bailan!

 

Y como creo que bióloga no seré, seguiré soñando con bailarines circenses para desmarcarme del chimpancé que puedo llegar a ser (especialmente los jueves)!

Buenos días!!

11.02.2014

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Ante la inminente llegada del día más rosa del año, cantaba un chico en el metro un famoso tema de Serrat y, como me pilló en uno de esos momentos de mente en blanco toda oídos, me puse a pensar en la letra…

“Tu nombre me sabe a hierba”

Muy bonito, sí señor. Pero… si un ligue os dice esto… ¿Qué es lo que pensáis? Que no es que sea malo, si no -como poco- peculiar. Normalmente los apelativos cariñosos hacen referencia a cosas que se comen (fresita, melocotoncito, pichoncito mío…) y no que se fuman ¡! Pero es que la propia canción te da más datos ‘De la que crece en el valle’ ¡Toma claro! Porque si crece en medio de la planicie viene la guardia civil y acabas en el cuartelillo, y si crece por cultivo hidropónico tras una falsa pared de tu salón no hay quien lo explique con ritmo.

Claro que las que se ciñen a reclamos más comunes, también tienen su miga. Véase el “Currucucucu paloma”: aquí alude a un clásico de la nomenclatura cursi, vale; pero a santo de qué viene el ‘currucucucu’?! Que una cosa es que te llamen como a la verbena y otra muy distinta tener que hablar en su idioma!! Lo único que se me ocurre es que para decir la palabreja uno pone, indefectiblemente, boquita de piñón y esto tal vez pueda resultarle atractivo a alguien…

El caso es que, para escarnio de románticos y buena fortuna de socarrones, los ejemplos abundan; así es que nos dejaremos letras en el tintero para la próxima vez que nos rodee el ejército del único Santo al que parecen quedarle seguidores… Martes. Llueve, llueve y llueve, en Madrid. Buenos días!

23.01.2014

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Cuando hablamos el otro día de tocar un instrumento, no esperaba que se lo tomaran tan a pecho unos profesionales. De ahí mi sorpresa cuando me topé con esta banda callejera entreteniendo al personal con lo que me parecieron dos xilófonos gigantes ¡! Sonaban realmente bien; piezas populares y clásicas con un aire zíngaro y unos cambios de ritmo emocionantes. Pero me quedó la intriga de saber qué era aquella especie de xilo-piano que tocaban con tanta gracia el par de artistas que veis en la imagen. Así es que, tras una ávida búsqueda por Internet, lo averigüé: es un címbalo húngaro o dulcimer; instrumento de cuerda que data de antiguo y que rescató V. Josef Schunda, de Pest, allá por el siglo diecinueve.

cimbalo madrid sol

Además, navegando entre esos extraños aparatos de hacer música, encontré otro que me hechizó una vez…  caminaba sin rumbo por las mágicas calles del barrio gótico de Barcelona y acabé siguiendo las notas que se perdían por sus esquinas hasta que di con él: el Hang, que se parece a una cacerola gigante de esas de saltear tallarines con salsa de soja (lo que viene a ser un wok con tapa, vamos) y suena con una armonía algo primitiva, pero fascinante; como sonaba el cuerno gigante de la cabalgata del Circo del Sol, como suenan los cuencos tibetanos invocando a la relajación o los cuernos de la guerra invocando al combate. Creo que debería estudiarse: o yo tengo vocación de pato y acudo al reclamo, o algunos sonidos nos tocan una tecla interior impresa en el código genético, incontrolable…

Jueves; os toquen la tecla que os toquen, que no os desafinen ésta: Buenos días!!

 

10.04.2013

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Anoche estuve escuchando el nuevo disco de Delafé y Las Flores Azules mientras cenaba tres uvas cortadas en rodajas. Lo segundo es mera anécdota, pero no podía dejar de hablar de lo primero. Sé que no soy imparcial porque a mí me engancha y entiendo que te puede gustar su música o no, pero el disco “De mí sin ti/De ti sin mí” es una curiosa vuelta de tuerca que merece la pena: once canciones en una cara ‘A’ y otras once en la cara ‘B’; mismas letras pero distinta música, ritmo y cadencia… sobre como el cómo altera el mensaje, el ying y el yang encerrados dentro de las mismas palabras. ¡Y funciona! Las canciones dicen lo mismo pero están tan próximas como israelíes y palestinos. Es una buena vía para cuestionarnos los mecanismos sobre los que viajan las palabras; para saber si, cuando lanzas un mensaje y no se recibe, es que falla la cadencia, falla el ritmo o es que hay interferencias porque tú no estás escuchando la cara b de esas mismas palabras ¿?

En fin, reflexiones de miércoles para un miércoles 10 de abril. En 1912, un día como hoy el Titanic salía del puerto de Southampton con destino a Nueva York; quedaban menos de 5 días para que se hiciera leyenda bajo el mar, así es que hoy mucho cuidado con dejarse embarcar en grandes buques que parezcan insumergibles, no sea que acabemos sopesando el ritmo de la música sobre su cubierta… mientras se hunde.

A ver si llega la primavera de verdad y derrite los hielos que nos hacen brechas bajo la línea de flotación, porque de momento parece que sólo ha llegado al Corte Inglés y a golpe de calefacción. Buenos días…

20.12.2012

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Esta mañana en el tren me he sentado junto a cuatro personas que invertían el trayecto en una apasionada charla que a mí no me apasionaba en absoluto, así es que he tenido que sacar del bolso los cascos y abstraerme de tan animada conversación. El caso es que, cada vez que me pongo música para caminar por la calle o el metro, la realidad cambia radicalmente, da un salto cualitativo hacia delante y me sumerjo a ratos en un videoclip, a ratos en un videojuego; no puedo evitar que el ritmo me traspase de punta a medio y se imprima en cada paso que doy, de tal manera que termino caminando con un curioso y vivificante movimiento fluido.

Con el coche me pasa algo parecido, a veces me dejo llevar por la música que llevo puesta y todo se alinea a su compás sin que yo haga nada: las curvas, los semáforos… hasta el agua de las fuentes. Como en aquel anuncio del Volkswagen Bora ¿os acordáis? La pareja que iba en el coche se miraba anonadada porque todo lo que les rodeaba se movía en sincronía con su vehículo. Y es publicidad, lo sé; pero es que sucede de verdad!! Quizá porque el ritmo se desarrolla en el ser humano con los latidos del corazón que escuchamos en el vientre materno, como un instinto primario.

Todas las cosas pueden seguir un patrón armónico y, cuando dos o más elementos siguen el mismo, se crea un sentimiento perceptible de unidad: con tu ciudad, con tu coche, con unas notas musicales o con otras personas; y eso, confieso, me encanta.

20 de diciembre. San Ceferino (¡¡Felicidades Ceferinas!!). Muy buenos y rítmicos días…