roca

30.10.2015

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¿Recordáis aquella balada popular mexicana que rezaba “ese lunar que tienes, cielito lindo, junto a la boca…”?

Bueno, pues yo tenía aquel lunar. No exactamente ‘junto’, si no ‘sobre’: lo tenía en el labio inferior, ligeramente a la derecha. Un puntito marrón, que resultaba coqueto y todo. Pero desapareció.

Es más, he de confesar cual Pantoja (cual Pantoja cantando, porque creo que en los juzgados no confesó nada), que tuve un novio al que semejante disparidad cromática en mis morros le resultaba encantadora y que me hizo prometer, como en la canción, que le guardaría hasta más ver el dichoso redondel. Pero -insisto- desapareció… Curiosamente, al poco de terminar aquella relación; que digo yo que quizá no me di cuenta y fue él quién se lo llevó.

Y es que las cosas, que es a lo que voy, desaparecen. No sólo mi pañuelo negro y rosa que no hay quién lo encuentre, ni varios pendientes que se han quedado en soltería permanente. Atrás se quedan también sentimientos y emociones que creíamos inalterables. Por Dios! Si desaparecen loa lunares, que por mucho que sean melanomas en potencia te acostumbras a ellos y hasta los quieres!! Ni las rocas permanecen. Las erosiona el agua, y el viento; las erosiona el tiempo.

Pero es viernes y, por mucho que casi haya desaparecido también la semana, no pretendo ponerme dramática. Es que ayer se me vino a la cabeza esa canción y, en lugar de quedarme en el ‘canta y no llores’ me enfrasqué en la insoportable levedad de los lunares, qué le vamos a hacer!

Que disfrutéis del fin de semana, por muchas calabazas que os den. Buenos días!!