rodaje

30.05.2014

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Da igual cuantas veces nos pongan delante la misma puñetera piedra; siempre podemos volver a caer. El escarmiento es, por lo visto, flor de un solo día: se marchita en cuanto se enfría.

Y nosotros -muy ofendidos porque de tanto tropezón nos duele el pie- volcamos nuestra ira contra la piedra, como si ella pudiera elegir su manera de ser… ¡Noooo! La piedra, piedra es. No es inteligente, carece de empatía y probablemente no conoce la mala fe. Se cree compleja pero no llega ni a simple: es su naturaleza rocosa quien la empuja a hacernos caer. Culpa nuestra es confiar en ella y no levantar más el pie.

Esquívala, me dicen algunas… pues podría ser. Pero yo no sé andar con miedo a errar y, si no me implico con mis baches, ¿con cuál?

Puntera de acero en las botas, me recomiendan otras… podría ser también. Pero ¡que pena! la vida de un canto rodado no debe ser buena.

Al final, el golpe se lo lleva tanto la piedra como quien se lo da. Y es el tiempo el que tiene fama de poner a cada uno en su lugar: erosiona la roca, la reduce a polvo, le lima las aristas… y a nosotras nos hace más listas.

Y así, entre chinitas y pedruscos, la vida va pasando. Quién sabe si en ese sendero, una misma no acabará rodando… Viernes. Espero que esta mañana encontréis despejado el camino del fin de semana. Buenos días!!

19.03.2014

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De la noche a la mañana, el paseo de acceso a la piscina donde voy, ha sufrido una grata transformación: han abierto un restaurante kebab con pequeñas mesas dispares en su idílica terraza; a continuación, una floristería rodeada del aura mágica de los colores de sus flores y, algo más allá, una tiendecita de no se sabe qué que rezuma encanto vintage… Todo muy bucólico, todo muy fantástico. Tan fantástico es, que todo es mentira.

Frente a ese despliegue de armonía visual han aparecido también unos focos más grandes que yo y cámaras y cables por todas partes ¡El paseo se ha convertido en un set de rodaje! Y no es que me moleste el constante trasiego de técnicos y actores o tener que pedir permiso para pasar; lo que no les perdono es la decepción, el breve espacio de tiempo en que tomé la ilusión por realidad; aunque cierto es que ver un kebab idílico debería haberme hecho sospechar… Bueno, pues ahora resulta que la primavera me la ha jugado exactamente igual: el buen tiempo también era una ilusión y hoy -que además de felicitar a padres y Josés, despedimos el invierno- me entero de que el sol y el calorcito se van con él… Qué barato sale ser cruel.

Luces, cámara, acción y…. ¡Miércoles! Buenos días.