rojo

05.05.2013

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El otro día me pinté las uñas de las manos de rojo. Yo!! Que jamás le doy color a esos apéndices queratinosos (a los de los pies sí, pero a eso estoy ya acostumbrada) pues me dio la ventolera, me armé de esmalte y paciencia y -diez pruebas de precisión después- conseguí unas manos que estaban justo a continuación de mis brazos pero no eran exactamente mías. El caso es que se movían como yo les ordenaba, de hecho, no podía parar de moverlas ante mis narices, pero no había nada que hacer: absolutamente alienadas. Así es que creo que estas manos que llevo pero de las que no soy del todo responsable pueden hacer muchas más cosas que las que tenía antes. Pueden tocar, explicar y bailar mientras yo las observo a una distancia prudente… me resulta divertido y excitante. De momento éstas me las voy a comer como si fuesen las Uvas de la Ira que le dieron el pulitzer a Steinbeck un 6 de mayo de 1940, con sus pipos y todo, bien ahogaditas en acetona; pero no descarto volverlas a invocar el día menos pensado, que presiento que tengo muchas cosas que hacer con ellas aún…

Lunes. San Li Ching Yuen, que no sé si sería santo en realidad, pero tiempo tuvo de intentarlo porque murió un día como hoy en 1933 a la tierna edad de 256 años ¡! El que tenga sus mismas aspiraciones ya puede mudarse a China a recolectar hierbas medicinales y piedras de colores y seguir el consejo del bicentenario: “Mantén un corazón tranquilo, siéntate como una tortuga, camina rápido como una paloma y duerme como un perro”… por mi parte seguro que no llego, porque ni la paz cardiaca ni esa fauna son lo mío. Aunque si es por piedras de colores…. Buenos días!!

05.04.2013

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El contrapunto perfecto para esos días en que te sientes común como un catarro en primavera es esos otros en los que tienes la impresión de que acabas de descender del cometa que te ha traído desde la otra punta de la galaxia… ayer tuve uno de estos últimos. Por un lado, en el teatro viendo “Lifting”, donde todo el mundo se reía mucho más que yo, llegando algunos a la ovación más clamorosa; que ahí es cuando una piensa: algo raro hay seguro… o todos son familiares de las actrices o lo que hay de raro aquí, soy yo (la otra opción es que nos reímos por imitación, o que ya que he ido a una comedia, me río porque es lo que toca) o que no comparto sentido del humor con los ciudadanos patrios, que ya me ha ocurrido antes.

Y por el otro lado es que me tocaba masaje con el rajastán ese del que ya os he hablado en otras ocasiones… y eso tampoco es normal. Es que según me tumbo en la camilla se me van despertando todas las terminaciones nerviosas del cuerpo, para cuando me pone la mano encima, ya pego un bote y cada vez que anda en las proximidades de mi cuello los pelos como escarpias por fuerza me delatan. Lo que os decía: raro, raro. Así estaba yo anoche… Me voy a tener que instalar un teléfono rojo (que, por cierto, no es un teléfono si no un teletipo y no es rojo, si no negro) como el que pusieron en el despacho oval un 5 de abril como hoy en 1963, para que mi cerebro imparta instrucciones en casos de urgencia ¡¡!!

Viernes. Santa Emilia (nos asista). Buen fin de semana. Buenos días…