Sabina

18.05.2015

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Por cosas de la vida que no vienen ahora al caso, hay días que acabas protagonizando las Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (pero en secano), emulando a Willy Fog por el mapa patrio, siendo la bola de una máquina de petacos, que cada vez que da un bandazo no suma puntos, si no kilómetros… Así me pasó ayer domingo que, en tres volantazos me calcé ochocientos, empeñada en abrir un nuevo puente aéreo Burgos-León-Burgos-Madrid exclusivo para mí.

 

 

El caso es que los primeros fines de semana de buen tiempo en la ciudad me cuesta respirar. No por alergias ni afecciones respiratorias de tracto urbano, afortunadamente. Sólo es que encuentro el aire terriblemente sucio, el asfalto demasiado duro, el gentío excesivamente burdo… El ansia de horizontes limpios se apodera de mí y no hay verbena en las Vistillas que me retenga aquí.

 

 

Por eso tantas veces los afanes se me van en salir y salir… Porque sólo fuera de Madrid puedes cruzarte con un corzo curioso que detiene su huida para mirarte a los ojos o con dos liebres saltarinas que juegan a dos metros de ti; sólo donde el horizonte se hace monte es posible buscar salvia, estepa y aliaga o aprender a distinguir enebros de sabinas, aunque sea chupando sus bayas. Y la carretera -cuando discurre entre roquedos y verdes montañas- posee su propia magia; más si la música acompaña y, para mayor gracia, no haces más que adelantar camiones-orquesta: señal de que llevas el mismo camino que la fiesta.

 

Total, que me he venido con la retina bien aireada y el resto de las piezas agotadas. Será posible descansar entre semana? Lunes. Buenos días!!

árbol campo Cebrecos

21.01.2015

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Por cachondearme de los días oficialmente mustios, he llegado a la mitad de la semana en severa recesión mental…

Me siento mal.

Hecha una alcachofa en todos los sentidos, excepto en su verde colorido.
Aunque sea el día X de la semana, del sexo sólo me queda hoy lo del centro: sin la s y sin la o.

Sólo puedo pensar en las mil maneras de cocinar los dos kilos de acelgas que tengo en la nevera (malditas sean las ofertas). Y lo que fue una tormenta de ideas se ha convertido en ruido.

[Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso.
Silencioso ruido]

El sonido de una caverna que campa en mi oído derecho. Y una turbina en sordina en el izquierdo.

Tengo catarro en los pabellones auditivos (lo que viene a ser los mocos a modo de pendientes) y es tan asqueroso de sufrir como de contar.
Porque la gente más tradicional se suena las narices, pero yo las orejas no me las puedo sonar!!!

Ay! Ay! Ay de mí, que no me quiero quejar… pero la invasión viral no me deja sitio en las letras para nada más!
Me siento fatal (con tres aes al final) y ni siquiera puedo llorar porque los ojos ya me lloran solos sin poderlo remediar.
Ahora sé para qué sirven las ojeras: para desaguar.

Hasta la espalda la tengo encharcada de penas: me pica en el sitio exacto donde no me puedo rascar. En el ángulo muerto de mi trasera. El envés de esta alcachofa apática.

Los buenos días en estos días son jodidos de solemnidad (y no los puedo desear más).

21.02.2014

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Hasta hace cuatro días, todos lo teníamos negro o color paja y sin demasiada gracia. Pero por lo visto (adjunto como prueba la entrada de casa de un par de vecinos) algún visionario ha encontrado un nicho de negocio en la reinvención del felpudo y esto es ya una plaga: desde los que sólo contienen una frase “Bonitas bragas” hasta los que simulan una báscula.

El diseño, el humor y esa nueva necesidad que tenemos de definirnos a través de ambos, han abierto la puerta al felpudo de vanguardia, que proclama que la república independiente de mi persona comienza ya desde la entrada de mi casa. Y como ingenios socarrones en este país los hay a cientos, si no te decides por un modelo y te dejas llevar por el momento, acabas comprando 8 ó 9 felpudos de repuesto. A mí no me miréis: el mío es de goma y negro; sería capaz de levitar por no pisar una casete gigante o una carta de ajuste a todo color y al final se me haría un estorbo como lo era el salón en casa de muchos abuelos, sólo servía para limpiar el polvo, enseñar a las visitas y acumular figuritas, no para disfrutar de ello.

Además, os recuerdo que mi pobre felpudo está en la primera línea de batalla frente a las ocurrencias de los albañiles con los que sólo me resta batirme en duelo; ha sido lapidado a cascotes, embadurnado de yeso, salpicado de cemento… él ya tiene su propio diseño: entre sus manchas se puede leer “Me tenéis como a Sabina: Cerrado por Derribo”

Habéis elegido ya vuestro felpudo y como usarlo? Es viernes… Buenos días!

Felpudo vecinos

24.10.2013

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De cambio o de volar; de volver, de saber, de ti, de (…); de llegar, de todo, de nada, de nadar, de chocolate o de mandarina…

Las ganas son ese tentáculo del pecado que se suelen tener de lo que no se debe. Incontrolables e inoportunas. A veces puedes disolverlas en saliva, como si fuesen un caramelo de hiel, y tragarlas entre arcadas de decepción. Y tantas otras logran socavar los delicados pilares de la voluntad y someterte a su hedonista capricho. Como una ceguera temporal de la razón que te hace amanecer en las playas de la debilidad o los acantilados del arrepentimiento, según venga la marea cuando amanece.

Motor y freno. Manifiesto de la intención con el deseo por bandera, Sabina las cantaba y por ellas prefería ‘la guerra contigo al invierno sin ti’. Y el invierno viene de camino.

Digna hija de los que tuvieron ganas de manzana, el don de resistir me es esquivo. Me ganan las ganas… aunque pierda.

Jueves. Ganas de agua. Y llueve. No he debido explicarme bien. Buenos días

30.04.2013

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Un año más se nos acaba abril, y el pobre de Sabina sigue buscando al que se lo robó… Y es que con el tiempo pasa un poco como con el dinero: no puedes creerte cuánto te has gastado pero, te pones a echar cuentas y las cuentas cuadran. Lo malo es que ni de lo uno ni de lo otro tenemos crédito ilimitado; que -si me apuras- con el dinero podemos tener suerte y que nos toque la lotería, o la herencia de aquél tío que se fue a hacer las Américas cuando la posguerra; pero contra el tiempo no hay suerte que valga, sólo vale la actitud, el aprovecharlo, el ‘Carpe Diem’ (en castellano ‘¡Qué coño!’), el mirar atrás y saber que has invertido tu tiempo en Vivir. Cómo no va a buscar Joaquín al que se lo robó, si es la vejez el peor de los delincuentes…

30 de abril, el día en que en el 642, Chindasvinto se sumó a la lista de los reyes godos que había que aprenderse. Y cuidado, que estamos en el segundo día de la Gōruden Wīku -la ‘semana dorada’ de Japón- el período vacacional más largo para los asiáticos de la cámara en mano, así es que puede haber japoneses en la costa!!

Martes (¿o es viernes?) Buenos días…