sendero

24.04.2015

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Entre el sueño y el sexo discurre un sendero oscuro y serpenteante.

Junto a las curvilíneas eses de sus iniciales, se dibujan otras curvas: la de una espalda y la del cuerpo del contrario que la guarda.

En la vigilia densa de dos seres que fluctúan entre el dormir y el darse placer vuelan ligeras unas manos que tan pronto acarician como se detienen, con el rumbo perdido entre sábanas y pieles.

Es el territorio incierto de una cama, en ese siglo que transcurre entre la noche y la madrugada, con la historia narrada en instantes difusos en los que no caben palabras. Donde el sudor y los sueños llevan la comparsa y el tiempo no se mide en minutos, si no en tactos y pausas.

Y mientras Morfeo se esmera en cerrar párpados, Eros se la juega abriendo labios. Y como marionetas de un guiñol para adultos, cada acomodo reduce el espacio propio, aumenta los latidos, enciende los sentidos y crece la presión hasta que el calor se hace tropical: no sólo intenso, si no terriblemente húmedo.

A esas alturas no queda ya ruta de retorno. Las llamas han hecho presa en la carne y las ganas le imprimen urgencia a lo que antes era un mar en calma. Un mar en falsa calma. Una cama navegando por un mar que no conoce la calma… Como saben aquellos que han transitado ese camino, no es lo mismo estar durmiendo, que estar dormido.

Viernes… ¿estáis despiertos? Buenos días…

30.05.2014

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Da igual cuantas veces nos pongan delante la misma puñetera piedra; siempre podemos volver a caer. El escarmiento es, por lo visto, flor de un solo día: se marchita en cuanto se enfría.

Y nosotros -muy ofendidos porque de tanto tropezón nos duele el pie- volcamos nuestra ira contra la piedra, como si ella pudiera elegir su manera de ser… ¡Noooo! La piedra, piedra es. No es inteligente, carece de empatía y probablemente no conoce la mala fe. Se cree compleja pero no llega ni a simple: es su naturaleza rocosa quien la empuja a hacernos caer. Culpa nuestra es confiar en ella y no levantar más el pie.

Esquívala, me dicen algunas… pues podría ser. Pero yo no sé andar con miedo a errar y, si no me implico con mis baches, ¿con cuál?

Puntera de acero en las botas, me recomiendan otras… podría ser también. Pero ¡que pena! la vida de un canto rodado no debe ser buena.

Al final, el golpe se lo lleva tanto la piedra como quien se lo da. Y es el tiempo el que tiene fama de poner a cada uno en su lugar: erosiona la roca, la reduce a polvo, le lima las aristas… y a nosotras nos hace más listas.

Y así, entre chinitas y pedruscos, la vida va pasando. Quién sabe si en ese sendero, una misma no acabará rodando… Viernes. Espero que esta mañana encontréis despejado el camino del fin de semana. Buenos días!!