serrucho

19.09.2014

Posted on Actualizado enn

El otro día me puse a cocinar una lombarda y acabé lesionada. Mira que tengo yo ilusión con la dichosa col morada, primero por su color -que me parece divino- y luego porque durante años no la he comido: a mi madre no le gustaba y no la ponía nunca; pero es que la muy puñetera tiene sus inconvenientes…

 

Para empezar, por más pequeña que la escoja, pesa más de dos kilos, que habría que mirarle el contenido en plomo. Y para seguir, que mira que está dura la bicha; es inmune al más fuerte de los cuchillos: hay que partirla sí o sí con serrucho. Y aún así, cuando llegas al tallo, no hay tu tía. O tienes una motosierra en casa -que no es mi caso- o lo llevas crudo. Que se te queda crudo por no poder trocearlo, vaya.

 

El caso es que, como ya la había comprado y transportado a casa, (que ahí es donde me pude haber hecho la primera lesión) y bruta soy un rato, agarré el machete y me dispuse a reducirla para meterla en la cazuela. Y en esas es donde me dejé la mano hecha un cristo. Porque eso en las pelis de maníacos asesinos no se ve pero, es abrumador lo que duele la mano, cuando descuartizas algo!

 

Lo bueno es que es sana, está rica y -para una persona sola- te dura toda la semana. Y, total, como al viernes hemos llegado, la lombarda se ha acabado y esta semana ya la hemos descuartizado!! Feliz fin de semana. Buenos días!!