sincronizar

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Últimamente sueño con sonidos. Con sonidos tan fuertes que consiguen que me despierte. Un día abro un ojo a las cuatro convencida de que el teléfono estaba sonando, otro a las seis porque oía un martillo neumático… Y nada, todo falso.

Como tengo el don de volver a caer redonda a los cinco minutos de haberme despertado, en ese sentido no me preocupa demasiado; lo que me mosquea es la voluntad que parece que le pongo a boicotearme mi propio descanso.

Vamos a ver, hombre!!
Dónde deja eso mis instintos?
Esto no pasa en las pelis, que cuando se despierta la protagonista en mitad de la noche sin saber muy bien por qué, es porque tiene al tío del hacha rondándole el lecho o porque sus biorritmos la están avisando de algún seísmo… Y en mi caso -por suerte- no aparecen ni terremotos ni asesinos dementes.

Se supone que las señales de alarma sirven para avisarte de peligros reales, no para que mi propia mente me gaste la broma del lobo (¡Que viene, que viene!). Y lo peor de todo es que, si me miente mi propia conciencia latente, ya me diréis de quién puedo fiarme!!

Ya me huelo lo que pasa: tengo el reloj interno como el externo. Mirando a Cuenca. Porque el de pulsera está pasando sus días ‘don’t touch’ y con la exactitud no quiere cuentas… Será una tontería de nada, una sincronización desincronizada!!

Jueves. Buenos días!

25.10.2013

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Llevo una temporada que los relojes de mi casa me tienen frita: no hay uno que dé la misma hora que los demás. Reconozco parte de la culpa, porque tengo costumbre de ponerlos 5 minutos adelantados como acicate para que no se me haga tarde, pero ahora campean completamente a su aire: el de pulsera -que es un Breil que es la niña de mis ojos- atrasa, pero sólo cuando lo llevo puesto, cuando decido llevarlo a cambiar la pila va perfecto; el despertador digital de la mesilla, se va adelantando poco a poco porque pone que cada vez me levanto más tarde, pero salgo a la misma hora de casa; el del baño nunca estoy segura de si va para adelante o para atrás, pero bien no va; el gigante del salón –que tenía la hora buena- ahora atrasa minuto y medio, pero por no descolgarlo de momento se lo perdono; el de la tele se supone que es infalible, pero el temporizador que le pongo por la mañana lleva unos días que tarda más en apagarse ¡¡!!

No quisiera parecer una neurótica de la medida del tiempo, pero esos pequeños minutos de diferencia suponen coger un metro o perderlo, es decir, llegar sin resuello o simplemente corriendo; así es por favor, relojes de mi vida, aprovechando que el domingo tendré que ajustaros a todos… podríais ir ensayando lo de las pelis de espías y sincronizaros!?

Viernes como los huevos: pasado por agua, pero viernes al fin y al cabo. Comienza el fin de semana! Buenos días!!

20.12.2012

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Esta mañana en el tren me he sentado junto a cuatro personas que invertían el trayecto en una apasionada charla que a mí no me apasionaba en absoluto, así es que he tenido que sacar del bolso los cascos y abstraerme de tan animada conversación. El caso es que, cada vez que me pongo música para caminar por la calle o el metro, la realidad cambia radicalmente, da un salto cualitativo hacia delante y me sumerjo a ratos en un videoclip, a ratos en un videojuego; no puedo evitar que el ritmo me traspase de punta a medio y se imprima en cada paso que doy, de tal manera que termino caminando con un curioso y vivificante movimiento fluido.

Con el coche me pasa algo parecido, a veces me dejo llevar por la música que llevo puesta y todo se alinea a su compás sin que yo haga nada: las curvas, los semáforos… hasta el agua de las fuentes. Como en aquel anuncio del Volkswagen Bora ¿os acordáis? La pareja que iba en el coche se miraba anonadada porque todo lo que les rodeaba se movía en sincronía con su vehículo. Y es publicidad, lo sé; pero es que sucede de verdad!! Quizá porque el ritmo se desarrolla en el ser humano con los latidos del corazón que escuchamos en el vientre materno, como un instinto primario.

Todas las cosas pueden seguir un patrón armónico y, cuando dos o más elementos siguen el mismo, se crea un sentimiento perceptible de unidad: con tu ciudad, con tu coche, con unas notas musicales o con otras personas; y eso, confieso, me encanta.

20 de diciembre. San Ceferino (¡¡Felicidades Ceferinas!!). Muy buenos y rítmicos días…