sirenas

25.06.2014

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No es que me cueste concentrarme. Lo que me pasa, en realidad, es que me despisto con facilidad. En la facultad, por ejemplo, siempre prefería la cafetería atestada de ruido y de gente para estudiar porque, en la biblioteca, el simple parpadeo de una bombilla me impedía seguir con mi tarea.

Será cosa de genes o por el puro placer de llevar la contraria, pero eso de replegarme para pensar me sale mejor cuanto peores son las circunstancias. Cierro las puertas del castillo, tapio las ventanas y declaro el estado de autarquía, mientras en la fachada sólo queda mi cara de alelada.

El inconveniente de ese estado es que no te enteras de lo que pasa fuera. De verdad, no te enteras. Te llaman por tu nombre, te hacen preguntas… y a ti sólo te llega un rumor sordo, lejano, que, para colmo, te molesta. Por eso, para que se callen, emites un sonido gutural inconsciente, parecido a un asentimiento ausente que -si el receptor te conoce previamente- es capaz de interpretar en su forma ya descomprimida: “Di lo que quieras, que no te estoy haciendo ni puñetero caso” pero que con interlocutores novatos, suele dar lugar a un conflicto de facto: ellos creen haber transmitido la información, pero a ti no te ha llegado. Así es que sirva esto como si fuera un bando: si tengo cara de panoli, ojos de zombi y no articulo verbo es que no, no me he enterado.

De lo que sí me he enterado hoy es de que es 25 de junio, Día de la Gente del Mar, esto es: de las sirenas, los ictiocentauros, kraken y demás. Felicidades a todos ellos y buenos días a los que estáis ahí al otro lado, seáis o no gente de mar.