soñar

02.07.2015

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Sí. No voy a negarlo. Siempre pico y peco de Antoñita… esa a la que apellidan ‘la fantástica’. No sólo en hablar con las musarañas y viajar con facilidad a Babia (o a la parra, o a Pernambuco), que lo he confesado ya; si no por dos costumbres que tengo arraigadas: la de soñar despierta y la de pautarme inalcanzables agendas.

La primera no tiene mucho que explicar: me dejas suelta en una calle sin escaparates, o en un tren o autobús -o en la propia cama, sin más- y mi mente navega por seriales de sobremesa que tienen a mi persona como indiscutible protagonista. Que aunque por temporadas la película es casi la misma, el coco tarda bastante en aburrirse de las infinitas variaciones que puede haber sobre un mismo tema.

La segunda también es fácil de entender: ante un día cualquiera de esos que una tiene mucha tarea,  me diseño mentalmente una agenda en la que cumplo todos los objetivos sobradamente y, además, me da tiempo a tejerme un mantelito de crochet.

Lo malo de ambas actividades es que -casi siempre- terminan en un callejón parecido: el de los finales no cumplidos… Y en el de un perpetuo regusto a culpabilidad.

Con este blog, sin embargo, nunca he dejado que me pasara, porque publicar aquí es en parte para mí una especie de higiene mental. Así es que cuando me ausento de sus letras es porque, realmente, ni la mente ni los dedos me dan para más, como me ha sucedido estos días… Todo sea por la buena causa de disfrutar de mi hermana, que ha recalado esta semana en mi casa y en mis quehaceres, absorbiéndolo todo. Pero qué queréis que os diga: lo que pierdo en manteles de crochet y publicaciones lo gano en cariño y diversiones.

Os deseo la misma agenda. Buenos días!

21.01.2015

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Por cachondearme de los días oficialmente mustios, he llegado a la mitad de la semana en severa recesión mental…

Me siento mal.

Hecha una alcachofa en todos los sentidos, excepto en su verde colorido.
Aunque sea el día X de la semana, del sexo sólo me queda hoy lo del centro: sin la s y sin la o.

Sólo puedo pensar en las mil maneras de cocinar los dos kilos de acelgas que tengo en la nevera (malditas sean las ofertas). Y lo que fue una tormenta de ideas se ha convertido en ruido.

[Ruido mentiroso,
Ruido entrometido,
Ruido escandaloso.
Silencioso ruido]

El sonido de una caverna que campa en mi oído derecho. Y una turbina en sordina en el izquierdo.

Tengo catarro en los pabellones auditivos (lo que viene a ser los mocos a modo de pendientes) y es tan asqueroso de sufrir como de contar.
Porque la gente más tradicional se suena las narices, pero yo las orejas no me las puedo sonar!!!

Ay! Ay! Ay de mí, que no me quiero quejar… pero la invasión viral no me deja sitio en las letras para nada más!
Me siento fatal (con tres aes al final) y ni siquiera puedo llorar porque los ojos ya me lloran solos sin poderlo remediar.
Ahora sé para qué sirven las ojeras: para desaguar.

Hasta la espalda la tengo encharcada de penas: me pica en el sitio exacto donde no me puedo rascar. En el ángulo muerto de mi trasera. El envés de esta alcachofa apática.

Los buenos días en estos días son jodidos de solemnidad (y no los puedo desear más).

27.11.2014

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Por fin he decidido a qué quiero dedicarme.

 

En realidad no ha sido una decisión consciente, si no un descubrimiento sorprendente: me he dado cuenta de que, cada vez que cierro los ojos y tengo música puesta aparece en mi mente una especie de vídeo musical colorista con bailarines que ejecutan pasos casi imposibles pero con un resultado de lo más vistoso. Ergo, debería ser coreógrafa.

 

Sí. Eso creo. Así daría rienda suelta a esa simetría asimétrica que siempre me bulle en la cabeza. Y tendría, además, la excusa perfecta para ir mirando caleidoscopios como quien consulta enciclopedias.

 

Porque siempre he creído que el ritmo forma parte intrínseca de la misma esencia del ser humano; puede que sea incluso esa característica que nos diferencia (o al menos una de ellas). Somos animales que escriben, que razonan, que se cuestionan a sí mismos, que practican el sexo por puro placer y los únicos que bailan!

 

Y como creo que bióloga no seré, seguiré soñando con bailarines circenses para desmarcarme del chimpancé que puedo llegar a ser (especialmente los jueves)!

Buenos días!!

21.11.2014

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Qué puñetas será la mente, que a veces cuando esperando un autobús miras al suelo y lo ves sembrado de cáscaras de pipas, se te llena la cabeza de imágenes de alegres praderas amarillas y caras sonrientes y otras veces, enfrentada a la misma estampa, sólo logras ver en la suciedad callejera unos pútridos deshechos rechupeteados, tostados y repugnantes… los fantasmas de lo que en otros tiempos fueron girasoles.

 

La misma materia gris e idénticas conexiones neuronales, sometidas a un mismo estímulo externo, son capaces de llegar a puertos opuestos del misterioso mar de tu propio cerebro.

 

Y sospecho que por más que la ciencia presuma de conocer lo que sucede de ojos para adentro, estamos a un largo trecho de eso. Preguntad, si no, a los que tienen a sus ancianos aquejados de demencia o Alzheimer… cada caso, un mundo. Conocemos las manifestaciones externas, pero no lo que les pasa a ellos por la mente.

 

Soñar, sin ir más lejos. Se sabe cómo lo hacemos, se definen unas fases del sueño… pero nadie sabe porqué se mete cada noche en ese berenjenal nuestro cerebro. Voy a ver si lo averiguo un día de éstos… durmiendo.

 

Viernes. El día perfecto. Que las cáscaras de pipas os devuelvan este fin de semana un bonito recuerdo. Y buenos días!

05.06.2014

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El mayor problema de tener una imaginación activa es justamente ese: que está activa… SIEMPRE. A diferencia de la tele, no tiene un botón de apagado que te permita desconectarla e irte a lo de la mariposa (otra cosa). Así es que te ves encadenada a un flujo constante de ideas de ficción pululando a sus anchas por tu cabeza.

Y claro, esto está muy bien cuando te quedas sin batería del móvil y del eBook en el metro, o estás casualmente en un avión que está despegando y no debes conectar dispositivos electrónicos, o te metes en la cama sola y sin mucho sueño. Sintonizas tu propio canal mental y te tragas lo que te echen: a veces pone series (incluso capítulos repetidos), a veces películas en la que tú sueles ser la protagonista (las hay hasta de dos rombos o más) y a veces, las menos, algún programa de actualidad con debate incluido, que para eso sabes tú llevarte a ti misma la contraria.

Pero esta vida neuronal tan entretenida también pasa su factura, como bien da a entender la morfología de la propia palabra ‘ensimismar’… véase cuando debería centrarme en cuadrar un balance y los números me resbalan como las gotas de agua de la playa tropical en la que imagino que me acabo de bañar. O cuando un cliente, después de meterte una chapa monumental te pregunta ‘¿Estás de acuerdo? Y tú no estás de ninguna manera porque te has fugado al más allá…

Y es que cuando la fantasía es muy buena, la realidad parece un poco menos real; pero debe ser mucho más grande porque, más tarde o más temprano, te acabas dando de bruces con ella… Realmente es jueves ya? Buenos días!!