sonrisa

23.11.2015

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Últimamente -y fruto de la casualidad- casi todos los días le silbo a un cura por las mañanas.

 

Yo sé que es complicado de creer, pero no lo puedo evitar! Resulta que en mi casa no hay cobertura de móvil (cosas de los pisos interiores en edificios antiguos, será) y cada mañana, según salgo por el portal, el móvil pilla señal y me entra el mensajito de rigor bien avisándome de las llamadas que me he perdido, bien con publicidad, que desde que Dios inventó el whatsapp, solo me llegan SMS de Cortefiel y de Orange (eso sí, no me paran de llegar). El caso es que, aunque tengo casi todas las funciones del teléfono silenciadas, suenan en alto mensajes y llamadas, los primeros con ese silbido tan característico que venía de fábrica.

 

He ahí como, habiendo sincronizado el azar mi salida de casa cada mañana con el paso de ese muchacho de traje talar, le pego un fiu-fiu cada mañana que creo que le ha empezado a gustar, porque ya se sonríe cuando pasa.

 

Lo que ya no me atrevo a garantizar es si el chaval es cura, cura o tira más para sacerdote, fraile, canónigo o capellán. Debido a mi absoluta incultura acerca de indumentaria eclesiástica desconozco las implicaciones de su blanca sotana. Lo que sé es que el hábito de silbar está haciendo al monje perder la vergüenza, porque ya casi no se sonroja.

 

El caso es que, mientras no le de por darme una hostia (de las que no son de consagrar) yo no cambio la melodía, que bien fácil me es darle, cada día, una alegría.

 

Lunes. Empieza la semana y el invierno. Buenos días!!

06.03.2015

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Ya llega la primavera

No lo sé porque note mi sangre alterada ni porque los almendros empiecen a pasar del blanco al verde. La señal más evidente -al margen del consabido anticipo que nos hacen los grandes almacenes- es que la alegría viene de la mano de su anagrama: la alergia. Los picores se empiezan a esconder por entre mis cuerdas vocales recordándome que el polen no solo es esa sustancia que hace nacer las flores.

Pero no voy a presumir de cínica, el cambio de estación también me hace vibrar otras cuerdas: antes de ayer sufrí un deseo incontrolable de sacar a pasear al perro. Hasta que me di cuenta de que yo perro no tengo… pero no me dejé arredrar por eso: me armé de chaqueta deportiva, zapatillas, braga polar y miguitas de pan y me bajé al río a pasear, a ver si se me acercaban las palomas y podía poner alguna estofada para cenar (nada; las muy espabiladas se las saben todas y casi me estofan a mi).

El caso es que estas tardes que tengo tiempo -y el tiempo empieza a virar a mejor- he decidido practicar el deporte tradicional de los ancianos -me refiero a pasear, no a mirar obras- porque, la verdad, dejar ir los pies con el rumbo sin acabar de trazar me encanta. Especialmente cuando además puedes llevar música en las orejas, ideas en la cabeza y tienes un salvoconducto vulgarmente conocido como teléfono móvil y otro en forma de abono transporte por si los pies se te van de más.

Sí. La pátina de cinismo se resquebraja cuando sigues encandilada por tu propia ciudad, cuando caminas con paso musical al son de lo que escuchas, cuando levantas la vista para apreciar una balconada y en ese instante encienden la iluminación de la fachada. He de reconocer que la sonrisa que me baila en la cara es de lo más primaveral.

Viernes. Feliz fin de semana. Y buenos días!!

04.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 3

Sí, puede usted apuntarlo. Sé que era miércoles porque son los días que salgo un poco más temprano del trabajo y quedo con mi primo Mario, que vive en la calle de al lado. Él me está ayudando, sabe? Es un buen tipo. Me hace reír; me escucha.

Ese día, sin embargo, casi nos peleamos. La conversación giraba en torno al único tema posible esa semana: la dichosa fórmula. La acababan de patentar y él estaba dispuesto a ser de los primeros en probarla. Me dijo que, de todas formas, en su vida no tenía nada; el amor nunca le había alcanzado a base se saltar deprisa de cama en cama; el trabajo no le apasionaba, era un mercenario que cumplía con su jornada; de salud pichí-pichá; los amigos eran de paso; ninguna afición le llenaba. Y nunca había creído en milagros, pero le parecía absurdo no aprovechar un avance de la ciencia de esa calaña.

Tuve que morderme la lengua casi hasta reventarla. En realidad, siempre había sido yo el de la existencia atormentada; siempre buscando un sueño impreciso, una quimera, el modelo ideal de una vida cuyos contornos apenas se dibujaban. Siempre inconcluso, inquieto, imperfecto… incapaz de encontrar la manera de encontrar la pieza que faltaba en mi propio rompecabezas. Infeliz, vaya. Y, sin embargo, yo no quería tomarla. Si llevaba tantos años buscándola y ahora la ingería en una ampolla, ya fabricada, mi vida no habría valido nada…

Allí le dejé con su decisión y su sonrisa anticipada. Empezaba a refrescar… Le di los buenos días y me fui a casa.

14.02.2014

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Esta mañana no me he despertado con el desquiciante sonido de chicharra de mi despertador, si no con los melódicos latidos de mi corazón; no era un ronquido eso que se atravesaba en mi pecho, no… era un suspiro. ¿Y el café? ¡Ay, no! ¿Qué necesidad tiene mi cuerpo de semejante toxina adrenalínica? Me he preparado un buen vaso de Mimosín y me he vestido con mi mejor sonrisa. He visto que mi router seguía luciendo esa bonita luz roja debajo del símbolo de la @, lo que significa que no funciona porque los técnicos aún no lo han arreglado y me he dicho: ¡Ohh, una luz color rojo pasión! ¡Qué bien! Sólo por eso merece la pena vivir incomunicada en tu casa. Al salir -dando virtuosas vueltas sobre mi misma, mirando al cielo y tarareando- no he gritado a los albañiles que han convertido mi edificio en la viva imagen de Sarajevo ¡no! ¿Sólo por haberme roto los azulejos de la ventana y el timbre de la puerta? ¡no! A cada uno les he dado un abrazo, un beso y una ración de la sonrisa con la que me había ataviado. ¿Y el viaje en metro? Fabuloso. No necesitábamos al típico cantante de vagón porque todos llevábamos nuestra propia guitarra y entonábamos tiernísimas melodías que terminaban en ‘te quiero’.

¡Te quiero! ¡Te quiero!

¿Te quiero? ¿Día del amor?

¡Venga ya! ¡Por Dios!

Lo que yo quiero es tirar por la ventana el despertador, cagarme en los muertos de Orange y abofetear a los albañiles que han convertido mi vida en un infierno lleno de ruido y de polvo ¡Eso es lo que quiero!

¿El día de los enamorados? ¡Por el forro me lo paso! Que nunca entenderé a qué tanto ateo manifiesto celebrando San Valentín y tan pocos seguidores de las lupercales, que es la fiesta pagana que se trataba de sustituir. Tengo claro qué voy a celebrar yo: esta noche, disfraz de lobo, sangre animal en el rostro y fusta en la mano. Lupercalia es lo que quiero ¡!

Viernes ( ❤ viernes). Buenos días!!

23.09.2013

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Cualquiera diría que estamos al inicio del verano por las temperaturas tan agradables que nos acompañan. Pero no es así y se nota. Se nota en las uñas de los pies. Si os fijáis la mayoría de las mujeres que llevan sandalias tienen el esmalte de las uñas de los pies descacarillado, como aquella que sabe que en cuatro días va a llevar la bota puesta.

El caso es que el otoño se nos presentó anoche a cenar casi a hurtadillas, pero viene para quedarse; en concreto, 89 días y 20 horas de pisar hojas secas, asar castañas y calabazas y cosechar girasoles, con los días recortándose a ojos vista y las noches dominadas por la vista de Venus y Saturno. Y aunque estéticamente es mi estación favorita, la perspectiva del termómetro cayendo a la par que las hojas no se me hace nada agradable…

Haremos lo del refrán: al mal tiempo, buena cara; que para eso hoy es el Día Mundial de la Sonrisa; aunque no especifican si es de la horizontal o de la vertical… Afortunadamente no preciso de ningún taller de risoterapia de esos tan en boga para mantener sano el sentido del humor y siempre estoy -de un modo u otro- sonriendo. Así es que -ya sabéis- si alguien de repente me ve seria, es que no me está viendo entera…

Lunes. Empieza la semana! Buenos días!!