sueños

23.10.2015

Posted on Actualizado enn

Claro que podría habértelo dicho, hacerte partícipe de mis anhelos. Pero hay sueños que no se cuentan, deseos que se quedan dentro. Y no es una cuestión de miedo; es que cuando una sufre un episodio de fiebre romántica, es mejor padecerlo en silencio, como esa afección del ano que los anuncios llaman hemorroides e insisten en que no contemos.

Y, sin embargo, me duermo algunas noches mientras voy caminando hacia tu encuentro. Sin violines ni cámara lenta, que no es cuestión de que parezca una película de Meg Ryan cuando ponía ojillos tiernos.

Hemos quedado, por ejemplo, en el kilómetro cero; porque a mí me pilla al pelo y por puro gusto a las alegorías y a los gestos.

Tú ya estás esperando cuando yo llego. Y te quedas quieto. Muy quieto. Invitándome a recortar los centímetros que aún dominan nuestro destierro.

Nos miramos. Nos estamos viendo con unos ojos nuevos. Ha pasado mucho tiempo.

Y estamos distintos, por supuesto. Somos los mismos, pero con unos nervios que no conocemos. La ilusión inocente de encontrarnos, contradiciendo la madurez que nos suponemos.

Ahora toca hablar; llegó el momento de introducir el diálogo. Y dudo entre un saludo que no deje lugar a dudas o uno más templado; que me permita hablar y dejar la ropa a salvo.

Pero al final no es necesario. Nos abrazamos… Travelling circular. Picado. Y fundido a negro.
………..

Al final no he tenido que decirte que esto ya lo he soñado. Que estos ataques melodramáticos que me dan sarpullidos los sufro en silencio, como la almorrana que por suerte no tengo, como si te cantara baladas de Silvio. Como un deseo que jamás se confiesa; que es mejor guardarlo para los ratos de desvelo.

Aunque la ropa, al final, la he perdido. Me temo.
Viernes. Buenos días. Felices sueños.

15.09.2014

Posted on Actualizado enn

No tengo costumbre de dormir la siesta. No cabe en mi agenda diaria, ni me parece necesaria (una vez cumplida la edad adulta), así es que -durante 50 semanas al año- la omito. Pero cuando estoy en el pueblo, de vacaciones, se activa un código oculto en mi programación que me impele a echar, todos los días, necesariamente, una cabezadita después de comer [Os hago estas consideraciones previas para que entendáis que el estado mental en el retorno a la realidad está algo…disperso, quizás].

Bueno, pues en una de esas siestas estivales algo raro debí de soñar porque me desperté convencida de que la evolución humana lo estaba haciendo mal. Que deberíamos involucionar y volver a tener rabo. Sí, rabo, cola. De las de por detrás. Como un mandril o un personaje de Avatar. Que nuestra vida sería mucho mejor con una buena cola que nos permitiera un tercer miembro prensor. No? Imaginaros qué bendición para las incontables ocasiones en que nos faltan manos!

Y es que en muchos de mis sueños, yo vuelo. Pero no vuelo como Superman ni como un avión. Es más bien un vuelo corto, a poca distancia del suelo; de lo que deduje aquel día que quizás se trataba de tener un rabito con el que ir dándote impulso. Tipo: un pié aquí, el otro ahí, el rabo enganchado en la farola de allá y ¡zas! Cuatro metros en un solo paso!

Vamos que, francamente, sólo le veo ventajas al asunto. Y no me convencéis de lo contrario, que bastante lo intentó mi pobre amigo Fernando, destinatario aquella tarde de mis desvelos rabiles.

Lo dicho: pido involución. Quiero mi propio rabito (o rabón) y me salto del lunes al viernes de un empujón. Buenos días!!

06.06.2014

Posted on Actualizado enn

Y, cuando te tuviera delante me armaría de valor y te preguntaría ¿eres feliz?

Esperando oír un ‘no’ de tus labios o, al menos, verlo en tus ojos.

Porque, en realidad, me jode que seas feliz sin mi. Es así.

Aunque yo me mate por estarlo prescindiendo de casi cualquiera.

Aunque nuestra historia al completo carezca de letra pequeña.

Aunque sea fácil colgar un personaje ficticio en tu percha.

Estás por ahí. Ni muy lejos, ni cerca.

Viviendo una vida que se me antoja paralela.

Eres tú, pero eres otro.

Te has convertido en ese desconocido al que tan bien conozco, al que tanto recuerdo

Sin echar cuenta de ninguna doblez.

Bailándome los puntos… cardinales

Sin saber cuánto me gustaría tenerte aquí, frente a mí.

Pero no quiero la misma pregunta de vuelta.

Eso no se pregunta.

No quiero tener que mirarme dentro para justificar un sí

Ni sabría mentir. El ‘no’ no es para mí.

Estoy, simplemente, muy por encima de la supervivencia, pero por debajo del final feliz

Y estoy aquí.

 

(2, 1, 3) Aquí no importa pero, en la vida, el puñetero orden de los factores, sí altera el producto. El factor tiempo lo altera todo… Viernes, el día perfecto para ordenar los factores, antes de que el tiempo del fin de semana vuele. Buenos días!

27.11.2013

Posted on Actualizado enn

Ayer estuvimos cavilando en la oficina sobre el crecimiento personal y toda esa corriente de la psicología que te anima a avanzar, a salir de tu zona de confort, a aprender, a aceptar, a no anclarte, a alzar el vuelo sin miedo en pos de tus sueños… Y la verdad es que comulgo con muchos de sus postulados, me anima pensar que encontrar la sintonía con lo propio y la armonía con lo ajeno está ahí, al alcance de cualquiera, a la sola distancia de un salto de fe (de fe en uno mismo) peeeeeero… digo yo que, tal vez, la cosa no es tan, tan fácil como la pintan, no? Porque en ese caso todos los que te dan la receta la estarían aplicando y, francamente, no les veo yo en un estadio superior de conciencia ¡! O será que el sueño de todos los que cumplen sus sueños es decirle cómo tienen que hacerlo a los demás?

Más bien me ha recordado un poco a Mauricio, el emperador bizantino autor del tratado militar Strategikon, que como obra de consulta debe ser excepcional pero que al pobre hombre no le ahorró el trago de que un día como hoy, hace 1411 años, ajusticiaran primero a sus 5 hijos ante sus narices y después a él… Vamos, que si tiro de refranero popular y arranco con el consabido “en casa del herrero…”, me podía haber ahorrado lo demás.

Miércoles y a tiro de tres días para acabar el mes. ¿Cómo vais con esos cuchillos de palo? Buenos días

10.12.2012

Posted on Actualizado enn

Se supone que Carlos III la trajo a España para financiar hospitales y hospicios, pero yo sospecho que lo hizo para dar un sueño incluso a aquellos que no saben soñar: previo pago de su importe puedes hacerte la ilusión de llenar la bolsa de las monedas por arte de birlibirloque… al menos hasta que se celebra el sorteo.

Y es que la lotería llegó a España un 10 de diciembre de 1763 sin saber si etimológicamente proviene del alemán ‘lot’ (suerte) porque es lo que deseamos en los juegos de azar o del italiano ‘lotta’ (lucha) porque se trata de una pelea entre la suerte y cada jugador; una guerra sin batallas en la que la única arma es cruzar los dedos.

En cualquier caso, parece claro que las claves las tienen el azar, la ilusión y la buena o la mala estrella que creemos tener cada cual, como bien saben los publicistas que llevan años colándonos en los spot al calvo misterioso que soplaba números desde la palma de su mano, las fábricas de los sueños y, este año, los cazadores de ilusiones. A la vista está que juntar en una sola frase ‘lotería’ y ‘Navidad’ nos conduce irremediablemente al reino de la fantasía ¡!

Dicho esto, no perdamos de vista que soñar también puede ser gratis, incluso cuando la bolita salta a otro número de la ruleta o el dado cae por la cara mala… Felices sueños. Buena suerte. Buenas noches.