timo

28.10.2015

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De alguna manera que no acierto a comprender, facebook debe saber no sólo que este fin de semana me he ido a coger setas, si no que mi intento ha sido infructuoso y no había ni una, porque ayer empezaron a aparecerme en el muro anuncios de una empresa -ecológica, sostenible y estupendísima- que me quiere vender setas sin nacer para que yo las haga florecer.

Entendámonos, la idea me parece fetén (fetén es como decían ‘cojonudo’ nuestros padres): tú abres el saquito, lo remojas bien y, si lo sigues pulverizando con agua, las setas aparecen. Bien. Vale. La coña llega cuando descubres que el ecológico cultivo es verde -fundamentalmente- por el aroma a euros que desprende… Obtienes, con suerte, 700 gramos de seta normal y corriente por el nada módico precio de un billete de vente. Amén de privarte del paseito campestre.

Vamos, que el experimento de recogedor doméstico de hongos es del mismo género tonto que los huertos urbanos comerciales: te sale -euro arriba, euro abajo- a cojón de pato silvestre. Y ya sabéis lo que la OMS dijo ayer: de carnes rojas, niente!!

Esta última gracia de los científicos, por cierto, creo que me ha puesto el colesterol por las nubes porque el teléfono se me llenó ayer (imagino que a vosotros también) de lonchas de panceta, cerditos de Jabugo y manifiestos en defensa de sus carnes. Y para colmo, hoy rematan la noticia diciendo que recomiendan ingerir insectos y carnes de laboratorio, que son mucho más sanas ¡Seguro!

 

Vamos, que sin menospreciar ningún alimento -ya sabéis que buena boquita tengo- no me pienso privar de despacharme a gusto con mi propio comunicado:

 

Estimados doctores de la OMS, frente a su menú degustación de estofado de probeta con setas de cartón y grillos de guarnición, yo les ofrezco un chuletón. ¿Qué les dice el menos común de sus sentidos que es mejor?

 

Por Dios… ¡Los estudios científicos nos pillen confesados! ¡Si de chorizos está el mundo lleno! Miércoles. Buenos días.

04.06.2014

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Cuando no vas habitualmente, una excursión a un mercadillo se te antoja una experiencia emocionante. Un dulce paseo mecida por la brisa mientras curioseas sonriente en los puestos de bolsos, olfateas en los de especias, acaricias el aterciopelado tacto de un melocotón en los de frutas… Una delicia para los sentidos, crees tú, con el acicate de volver a casa con alguna falda indie que cause sensación o una gargantilla africana auténtica adquirida a precio de ganga.

Con esos pajaritos en la cabeza te plantas en plena solana de las doce del medio día en el dichoso mercadillo rodeada de furgonetas y tenderetes bamboleantes y asediada por una caterva de guiris curiosos cuyo firme propósito para estas vacaciones en el sur de España es que tú en concreto no puedas acercarte a meter las narices en ningún puesto.

Y la verdad es que, aunque podrías cabrearte por ello, cuando llegas a la primera línea de fuego te das cuenta de que quizás te estaban protegiendo; porque las especias no hay quien las cate, sólo te llega la peste a cerdo del cuero, los melocotones son tomates y para tocarlos tienes que comprarte tres kilos y medio, la falda indie son polos Lacoste de imitación que tienen en todos los puestos y la gargantilla africana te la vende una señora de etnia gitana vociferando que lo suyo es muuu bueno.

Al final, te vuelves a casa con un pañuelo y la incómoda sensación de que -aunque te pedían 15 y has pagado 10- te han timado como al pardillo que eres y que los mercadillos sólo le van bien a los profesionales del regateo… a la próxima mando a Ronaldo!

 

Miércoles de sol; dicho de otra manera: se calienta la X. Buenos días!!