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16.01.2015

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Hace poco discutí con mi hermana porque para un trabajo que tenía que hacer para el cole sobre tradiciones españolas, ella eligió (atentos….redoble de tambores….que será será) ¡los toros y el flamenco! Ole, ole y ole. Dado que vive en Málaga y en su colegio se crían guiris como champiñones, le parecía que ir a los clásicos era lo más seguro ¡! Yo me cabreé por el uso pernicioso de topicazos y porque no tuviera el valor de arriesgarse en su tarea para ser mínimamente original, pero no hubo suerte. En eso no se parece a mí (en lo cabezona sí).

El caso es que de lo que no se ha dado cuenta mi hermana, sí se han dado cuenta los qatarís: lo más tradicional en este país no son capotes, castañuelas ni paellas. Lo autóctono aquí es nuestro sentido del humor y nuestra capacidad de animarnos ante cualquier chaparrón. De ahí que para el mundial de balonmano nos hayan contratado como afición. Así, a golpe de talonario! Qué tenemos? Dinero. Qué nos faltan? Aficionados. Dónde están los buenos, los más entregados y bullangueros? En España. Pues nos los compramos!! Y a Qatar se han ido -a gastos pagados- una peña al completo. Sí señor. Y por qué narices de estas ofertas de empleo no me entero yo??

En fin, que es viernes y pronostican mal tiempo; el momento perfecto para demostrar que se puede hacer un chiste también con ello… Buenos días!

09.06.2014

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Por fin encontré el momento de sentarme a ver ‘Ocho Apellidos Vascos’; le tenía ganas porque esperaba formarme una opinión propia, no por esperar que me gustara. Y probablemente no la hubiera visto, ni hablaría hoy de ella si no llevara detrás un fenómeno de masas (fenómeno, por cierto, que en el futuro seguramente será objeto de estudio de ‘Cuarto Milenio’, pues tiene carácter de misterio).

Reconozco que, en cuanto a sentido del humor, mi caso concreto no es significativo porque me pasa como a las personas que opera de cambio de sexo la Seguridad Social: he nacido en un cuerpo equivocado. No suelo compartir el humor patrio, pero me parto con las comedias francesas, que aquí rara vez triunfan y me río a carcajadas cada vez que veo de nuevo alguna comedia clásica americana. Quizá por eso me resulta incomprensible que miles de personas acudan al cine a ver los cinco o seis chistes que tiene la peli. De hecho, lo que te empuja a sonreír en ‘Ocho Apellidos…’ es el sonrojo; los guionistas apelan sin piedad al recurso de la vergüenza ajena de tal forma que, por no taparte los ojos (que es el primer impulso), arqueas los labios.

Tampoco es que eso sea delito. Es humor facilón y punto. Lo que sí incurre en falta grave es el punto de partida de ese humor: no es sólo que se use y abuse de los topicazos, es que semejante visión retrógrada de las diferencias culturales de este país nuestro, se corresponde con el ojo crítico que pueda tener un ciudadano medio de Ohio sin ningún conocimiento previo. Como si ninguno hubiéramos salido nunca de nuestro pueblo, como si no tuviéramos amigos con apellidos de todos lados, como si la mayoría no fuéramos (por sangre o afinidad) un poco vascos, un poco asturianos, un poco extremeños o un poco de en medio.

Y así pretendemos salir del cliché del abanico y la castañuela? Cambiándolo por el cliché de la chapela? Anda ya! Yo no me lo creo!! Y luego que vengan a preguntarme por qué no apoyo el cine ‘nuestro’… Por esto!

Lunes. La semana empieza….[Arsa quillo. Oso ondo] Buenos días!