trauma

18.12.2014

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Por segundo año consecutivo, el espíritu ‘con sus manitas’ (ahora rebautizado DIY) me ha embargado al llegar la época de la Navidad.

Me gusta y me apetece decorar la casa por estas fechas, pero no quiero convivir con un pino muerto (o de plástico) el resto de meses del año, así es que me obligo a construir algo de lo que poder desprenderme después. Es también una manera de imponerme un aprendizaje en una materia en la que flaqueo notablemente: tiendo a aferrarme en exceso a las cosas, así es que me sirvo a mí misma tres tazas de obligada futilidad y las aprendo a tragar.

El caso es que el año pasado hice un arbolito reciclando una caja y un palo, y este año me había empeñado en algo más osado: quería una chimenea! Y como en esto -y en tantas otras cosas- querer es poder, chimenea quiero, ¡chimenea tengo! Que no se puede una amilanar por no saber construir un hogar!! Todo es echarle papel de estraza, cinta aislante y ganas…muchas ganas! Y así, robando una caja de la basura cual indigente y con un presupuesto de 2€ aproximadamente, podéis lograr esta bonita decoración de Navidad!

Ya sé que me falta ponerle unos calcetines (los de rayas grises y rosas le quedan fatal), que no puedo encender fuego en ella (a riesgo de que me encierren por pirómana) y que, como no tiene tiro, el tipo de rojo cargado de regalos por ahí no va a bajar (como mucho bajaría mi vecina, que me cae igual de mal) pero no me importa ¡mi chimenea es genial!

Que esto también es un trauma? Quizás. Menos mal que es jueves ya. Buenos días!!

 

Chimenea 1 DIY Navidad 14-15Chimenea 2 DIY Navidad

17.12.2014

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Ya sé que los de mi generación (que incluye a los nacidos en un período aproximado de 20 años) estamos muy orgullosos de nuestra infancia: nuestros días lejos de videojuegos, móviles e i-cacharros, nuestras bicis, barriguitas y nuestro criarnos en la indolencia de la calle, en el desparpajo del contacto entre seres humanos… Todo eso fantástico.

Fantástico. Sí. Pero, seamos francos. Teníamos mucho. Pero no lo teníamos todo: no teníamos parques de ocio!! Me refiero a esos sitios ideados para niños llenos de bolas de plástico de mil colores donde rebozarse cual croqueta de dos patas y lanzarse por toboganes, cuerdas y colchones elásticos con la alegría de caer y no hacerse daño.

En ese sentido me temo que he nacido demasiado pronto. Es ver los Dino-chismes, Aventuro-tierras y Parque-colorines y empezar a salivar descontroladamente. ¡¡¡Yo quiero montarme!!! En mis sueños más felices no me acuesto en la cama, si no en un suave lecho de bolas de colores mulliditas que me arrullan y me atrapan. Pero nada! Estoy vedada!! Para mayores de 12 años no hay bolas que valgan!!!

Y ese, hoy miércoles, era mi tercer -y por ahora último- trauma… Buenos días!

16.12.2014

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Otra cosa que no le perdono ni a mis padres, ni a mis abuelos, ni a la época en que me tocó ser niña es, sin lugar a dudas, la puñetera “digestión”.

 

Aunque la llegada del verano era (y sigue siendo) para mí un acontecimiento maravilloso, venía siempre acompañada de la peor de las amenazas fantasma: el corte de digestión. Los días cálidos traían las vacaciones, los baños, los helados, los juegos en la calle, la libertad en forma de playa y de pueblo… todo lo que necesitábamos los niños para vivir en el paraíso pero también, acechando desde las sombras de la calurosa hora de la siesta, el peor de los castigos: tener que guardar un mínimo de dos horas sin catar charco. No había manera de convencer a los adultos: ni me meto despacito, ni me meto rápido, ni más cuento que me invento. Reposo obligado de secano porque si no, te llevaba el peor de los cocos: se te cortaba la puñetera digestión. Y así la primera hora de la tarde se convertía en un infierno; los mayores dormían la siesta, veían el tour o charlaban un rato; pero para los niños la vida se nos iba en mirar aburridos las manillas del reloj, que se movían particularmente despacio…

 

Lo cojonudo es que ahora ese suplicio parece haber desaparecido! Mis hermanas (que son de estos tiempos modernos), ni han oído hablar de semejante posibilidad; se bañan sin miramiento cuando les parece oportuno y, por supuesto, nunca han sufrido corte alguno. Es más, el único que yo he tenido en mi vida fue por beber agua fría, no por meterme dentro.

 

Y con lo que me ha gustado siempre el agua y la cantidad de horas de ella que me he perdido… Es para tener un trauma o no?

Martes y van dos. Buenos días!

15.12.2014

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Desahogándome en una conversación de barra (de barra bar, no de barra de pan) con dos amigos una noche, me di cuenta de que arrastro algunos traumas desde la más tierna infancia… Nada demasiado preocupante -de esta tampoco me encierran- pero ahí se me han quedado, como espinitas, clavados.

Por un lado está la manera de educarnos. No es que no fueran correctas las enseñanzas recibidas en la escuela, es que ahora se enseña de otra manera. Y ésta es mucho más divertida.
Cantan más, aprenden mientras juegan, les mandan tareas más entretenidas, practican cosas tan interesantes como el discurso y el debate… El otro día me enseñaron una actividad propuesta para chavales de 12 años en la que, por equipos y usando material de consulta e Internet debían responder a la ‘pregunta imposible’, un pequeño misterio que relaciona distintas materias, con varias cuestiones intermedias; al estilo de aquellos retos finales de ‘El tiempo es oro’ pero con la wikipedia de por medio. Que no es lo mismo…

Ya me diréis si no es una gozada! Me encanta. Me encantaría participar, vaya. Hasta el punto que he intentado apuntarme, pero dice la madre que no, que para eso tengo que estar matriculada en primero de la ESO y que no le parece oportuno.

Y hasta aquí llegamos con el trauma número uno: verte obligada a crecer sin debates ni discursos. Verte obligada a aprender sin divertidos concursos…

Y estamos a (y) de lunes! Buenos días!!

07.02.2014

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Chanquete ha muerto.

Es más, hoy precisamente hace 32 años que murió y ya parece que lo iba yo superando hasta que el jueves pasado, haciendo una batida de canales, recalé en el Cuéntame y el pobre hombre la palmó otra vez. De la primera no me acuerdo, era pequeña y no debió de suponerme un trauma permanente (los niños suelen tener una capacidad de recuperación a prueba de cualquier drama televisivo) pero, cada vez que los de nuestra generación se ponen nostálgicos -que es día sí y día también- el pobre Chanquete vuelve a estar de cuerpo presente y eso sí que acaba siendo traumático. Que ya le tuvo que escocer a Antonio Ferrandis que no le llorasen ni la mitad que a su personaje…

El caso es que allá por el 82 se cargaron en prime time al abuelo de España y a nadie le preocupó qué impronta dejaría eso en los niños de la época, que ya habíamos pasado además por el cruel asesinato de la madre de Bambi. La muerte es parte de la vida (la parte en que se acaba, vaya) y los críos teníamos que asumir eso. Hoy en día esa sabiduría parece que se ha perdido: los niños son apartados de cementerios, hospitales y todo lo que huela a muerto en la vida y en el cine ¿Que no? Coño, que para uno que se cargan en Narnia (el león Aslan), lo resucitan en 20 minutos!

Lo que me temo es que con esta sobreprotección pase igual que con la del sistema inmunológico, que lo que no se va dando dosificado genere intolerancia…

Es viernes. Dosificaros el fin de semana no sea que, con la profusión de lágrimas etílicas, se nos ahogue el pescaíto. Buenos días…

25.10.2012

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Leo esta mañana el dramón sufrido ayer por unos niños ingleses que se sentaron con sus palomitas y su inocencia en la butaca del cine esperando ver las coloridas aventuras de los simpáticos animalitos de Madagascar 3 y -error técnico mediante- se encontraron con la primera escena de la peli gore de turno que, para más INRI comienza con un cadáver ensangrentado lanzado contra la cámara ¡! Y no es que yo me quiera reír de la estampa -¡Angelitos!- pero vamos, de ahí a elevarlo a la categoría de trauma de por vida… Que a mí me plantó mi madre con 6 años a ver ‘La Noche de los Muertos Vivientes’ porque le daba miedo verla sola, y me levanto todos los días con una sonrisa!! Es más, recuerdo el caso de un amigo mío que pretendía reproducir un vídeo casero e inocente de viejos recuerdos y pinchó una porno ante la cara fascinada de tres o cuatro niños que andaban por allí y estoy segura de que el mayor trauma le ha quedado a él…

En fin, que no es que recomiende como método educativo la exposición al cine de vísceras, pero tampoco creo dos minutos de metraje fuera del mundo de los Teletubbies marquen una vida, no?

25 de octubre y San Crispino (una duda: el diminutivo es Crispi…y se desayuna?). Muy buenos días…