turismo

25.03.2015

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En ese fifty-fifty de cabeza y corazón que tantos habitamos, he reconocido siempre tanto la ley de la causalidad como la de la casualidad. Que las segundas sean fruto de unas primeras que no conocemos? Pues quizá, pero ahí reside parte de su encanto…

 

Todos tenemos historias en las que un azar rocambolesco juega sus cartas para llegar a un resultado inesperado. Que se lo digan a mi amiga Alba, que tiene un esguince porque la avería del coche la dejó en Madrid con tiempo de probar el padel. O a esos que por una distracción no cogieron un avión que se estrelló o un billete de lotería que tocó. Que se lo digan a la familia que regaló a sus padres por primera vez un viaje a Túnez. Por fortuna, mi casualidad del pasado domingo no fue tan determinante. Por la graciosa intervención de la suerte, yo acabé avistando delfines en la Costa del Sol (que no es moco de pavo).

 

La cosa fue que mi padre -que le suelta cada parrafada al Google que lo tumba- encargó la paella para 10 comensales en el primer teléfono que le dio el buscador, sin detenerse a comprobarlo. Al llegar a la venta donde pensábamos comer y decirnos que no tenían ninguna mesa reservada para nosotros, se destapó la confusión y recurrimos a Google de nuevo para averiguar dónde coño habían cocinado una paella para nosotros. Resultó que era el comedor de unos apartamentos a pie de playa y allí nos plantamos las dos familias al completo: en un complejo turístico desierto donde salió hasta el apuntador a observar con extrañeza a quien había hecho tan curioso encargo en semejante lugar ¡OMG! Como era de esperar la comida estaba fatal: la paella era un preparado congelado de mala calidad todo arroz y guisantes con algún tropezón de pescado sin nombre, calamar del jurásico y mejillones que habían conocido siglos mejores; coronada por unas natillas a las que la cocinera olvidó echarles el azúcar y un helado del año anterior que apareció debajo de los mejillones.

 

Pero mira tú por donde, al salir a tomar el café y el aire a la terraza, allí estaban frente a nuestras narices dos delfines juguetones haciendo cabriolas cerca de la orilla para que al menos la vista se llevara el gusto que no se había llevado el paladar… Es o no casualidad?

 

Miércoles. Buenos días!!

 

Delfín móvil paella

27.09.2013

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Después de pasarme una nochecita de aúpa robando en unos grandes almacenes forros polares y provisiones para huir al monte y así escapar de los invasores que dominan la tierra, me he despertado absolutamente trastornada, empeñada en que mi despertador era táctil y cabreada porque no se apagaba al tocar la pantalla… Vamos, que he estado un rato en ese limbo que separa el sueño de la realidad, másperdida que una docena de japoneses en el Museo del Jamón.

Pero la pesadilla ha llegado cuando he consultado la página del AEMET: lo que nos van a invadir son unas nubes más negras que el carbón que bombardearán rayos, truenos y centellas; al termómetro le va a explotar la burbuja inmobiliaria (digo otoñal) en plena cara y a mi me va a obligar a pensar con qué me vestía yo cuando no andaba cada día en sandalia y pierna al aire. Y todo esto, aprovechando que es fin de semana. ¡Venga ya! ¿Qué atracción fatal sienten las borrascas por los sábados? ¡Pues menos mal que nos tocaba el veranillo de San Miguel! Y para más INRI se celebra hoy el Día Mundial del Turismo ¡!

Menos mal que Google celebra su cumpleaños con caramelos a golpe de piñata… Viernes, buenos días y, si podéis, buen fin de semana.

16.09.2013

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Sabía que si os lo contaba no me creeríais, así es que me he esperado a poder aportar las pruebas gráficas que adjunto. Y ahí lo tenéis, es rigurosamente cierto: en los tour guiados para turistas asiáticos que visitan Madrid, se incluye una visita al ‘Museo del Jamón’, con explicación y fotografías conmemorativas incluidas.

Que digo yo que a ver si el traductor no era muy avispado y la palabra “museo” le ha inducido a pensar que el famoso triangulo del arte pasa por allí o que quizá hay algo en la arquitectura de la famosa cadena de restaurantes/charcutería que a mí se me escapa; o será el jamón en sí mismo lo que es un auténtico monumento… El caso es que allí tenían a media docena de angelitos de ojos rasgados haciendo el guiri de la peor de las maneras… San Cornelio nos pille confesados ¡!

Lunes y 16 de septiembre. Lo sabemos, pero no está de más recordarlo: menos coche, menos vacas, menos aire acondicionado, más desodorante de bolita y más darle a la patita. Feliz Día Internacional de la Preservación de la Capa de Ozono y buenos días!!

Chinos museo jamon