vegetal

20.05.2013

Posted on Actualizado enn

 

Me admira y maravilla que algunas personas encuentren una vía de relajación en el cuidado de las flores y plantas del hogar. No me malinterpretéis, siempre he tenido una relación muy positiva con el reino de los fotosintéticos, pero es que -por tradición familiar- lo mío es más bien la horticultura y los frutales, esto es: plantas que, además de embellecer el paisaje, se comen. Debe cosa del instinto de supervivencia…

El caso es que vivía yo tan feliz con dos hermosos helechos que me adornaban el rincón sin procurarme ningún descaliento -los de tela no precisan de aguas ni podas para subsistir- cuándo llegó mi cumpleaños y un amigo (de cuya buena intención jamás podría dudar) me regaló una planta, pero una planta de verdad. ¡! Un ser vivo, verde e indefenso que me mira acusador desde la mesita del salón por que, por muy de interior que sea, pocas matas he visto yo en las cuevas, de lo que se deduce que algo de luz le debo facilitar ¡! Para más INRI, no es una planta cualquiera, si no una plectranthus (comúnmente conocida como planta del dinero ¡del dinero!), por lo que a mi miedo cerval de provocar un genocidio vegetal se añade el de que, al hacerlo, me quede con una mano delante y otra detrás… Vamos, que no descanso de la preocupación; me paso el día arrimando el tiesto a la ventana, preguntándole si se encuentra bien y metiéndole el dedo en salve sea la parte para intentar averiguar el nivel de humedad y, cosa rara, la tierra siempre está mojada, que ya empiezo a pensar si no será mi dedo el que suda de la tensión!!

Total, que hoy que es 20 de mayo voy a hacer un ejercicio de paz mental anti-verde celebrando el Día Europeo del Mar, ese infinito de quietud azul donde ninguna planta terrestre se muere… pues tampoco puede vivir. Lunes. Buenos días…