verdad

23.10.2014

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Me encantan las listas esas que se titulan “50 películas / 1001 libros / 200 ciudades…. que tienes que ver antes de morir”.

Son geniales! Porque por más años que lleves frente a una pantalla / leyendo / viajando, te sueles quedar en un 25% del total a realizar, de lo que sabiamente deduces que te queda muchísimo tiempo por delante. Es más, si no pecas de inocente, sólo veras 49 pelis de la lista para vivir hasta la eternidad.

 

Es una magnífica manera de alargar indefinidamente tu esperanza de vida. Porque si no te puedes morir sin ir a Zihuatanejo pues no te morirás, no?

 

O es que quizá las listas mienten???

Los titulares nos engañan???

Qué me estáis diciendo!!!

Que las rimbombantes palabras que se ponen en mayúscula, negrita, subrayadas y centradas no son verdad?!?!?!

 

Porca miseria! Vaya estafa! Habrá que informar inmediatamente a la población, porque aquellos pobres angelitos que nunca buscan las fuentes, que no indagan en las noticias, no se informan por varias vías y se quedan sólo en el titular… no se van a enterar!!!

 

Eso sí, habrá que poner en letras bien grandes el siguiente titular

“LOS TITULARES NO SIEMPRE SON VERDAD”

Y, como esto es en sí mismo una paradoja ¡volveremos a empezar!

 

Me encantan las listas esas que se titulan… Jueves. Buenos días!!

04.03.2014

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Debe ser cosa de algún gen controlador adherido a mi cadena de ADN pero, aunque a veces diga que hay cosas que es mejor no saber, en realidad siempre prefiero saberlo. Todo. Todo lo que me concierne. Que no es que crea que la verdad es la medicina universal que hay que endilgar a todas las almas, sólo digo que la mía lo demanda.

Si voy al mercado, quiero saber a cuánto está el pollo en ese puesto y en el de al lado. Si voy al dentista, quiero un espejo para saber lo que me está haciendo. Si voy a la depilación, quiero unas gafas para ver donde me va a dar la descarga del láser. Si voy a la peluquería quiero saber cómo van a dejarme el pelo. Si alguien cambia un plan en el último momento quiero saberlo y saber, además, por qué. Si un amigo se cabrea, quiero saber exactamente qué le he hecho… Y así ad infinitum.

Porque para negar la evidencia me es imprescindible tenerla Y, aunque el conocimiento no sea la llave de la felicidad si no que en muchas ocasiones vaya en la dirección opuesta, yo prefiero saber. He ahí la cuestión.

Qué le vamos a hacer. Es otro de mis incontables –fectos (si es ‘de-fecto’ o ‘a-fecto’ está por demostrarse). Y además ¡joder! quien medio me conoce lo sabe porque yo no soy  un móvil chino: yo vengo con libro de instrucciones ¿Que no? ¿Y esto entonces qué es?

Por lo pronto hoy sólo sé que casi no sé. San Casimiro y martes. Buenos días…