vida

07.03.2016

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El cielo se llena algunas veces de nubes de tormenta. No descargan lluvia porque tú no las dejas, pero ensombrecen un panorama que habitualmente te parece hermoso.

 

En esas ocasiones te gustaría tener un dispersador de vientos gigante, una especie de tubo hueco y largo al que -aplicándole el grito ese que se te enreda esos días en los pulmones- dejara claro y soleado el horizonte.

 

Pero no lo tienes. Y entonces te paras a pensar que, quizás, si en alguna bifurcación del camino que no viste hubieras tirado por un sendero diferente, hoy el paisaje sería otro muy distinto también. Pero para tomar esa ruta te haría falta una maquina del tiempo. Un artilugio con el que ir del siglo XV al XXIII fuera como plantarte en Cuenca a la hora de comer. Y aunque nadie confirma ni desmiente su existencia, el caso es que tú no la tienes.

 

Así es que la solución podría ser que tu vida estuviera escrita en un libro de los de “elige tu propia aventura” que pudieras leer con trampas: volviendo al punto de partida cuando no te convence por dónde va. Pero eso tampoco puede ser. Ni maquinas del tiempo ni libro al que engañar.

 

 

Miras tus bolsillos y encuentras lo de Manolo García: arena. ¿Y qué se puede hacer con eso? Una senda. Piensas que lo único que puedes hacer es caminar. Y andar, al fin y al cabo, sólo consiste en echar un pie delante dejando el otro detrás. Un paso, otro y otro más. Y aunque al hacerlo nada cambia, te engatusa la sensación de avanzar. Que no es lo mismo ver los nubarrones en el horizonte que encarar a frente alta las tormentas que vengan.

 

Es lunes. Y parece que se pone soleado al final. Buenos días!

26.11.2014

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Por fin he decidido a qué quiero dedicarme.

Quiero ser mamporrera. Mamporrera de caballos. Eso.

 

Porque con mi profesión actual tengo complejo de rica heredera: no sé quien me quiere por mi misma y quién sólo quiere por mis conocimientos. O es casualidad que mi vida social aumente en plena campaña de IRPF? Lógicamente, a los amigos que lo son todo el año les echo una mano de mil amores; de los que pretendo huir es de los amigos-donete: esos que sólo aparecen cuando se pueden comer el pastel fiscal que tienes entre las manos. Hasta algún ex-lío -de los que dejan mucho que desear- no tiene empacho en llamarte para que le resuelvas (por supuesto sin cobrar), sus dudas sobre la renta. Mande?

Por eso, meditándolo con mi compi y dado que la mayoría de mis conocidos ni tienen caballos ni frecuentan las cuadras, hemos pensado pasarnos al noble oficio de mamporrero. Que me consta que tiene su dificultad, pero del que parece fácil desvincularte en tus ratos libres: el pobre angelito que precisa ayuda para tal menester, no lo suele dar a conocer.

Además, aunque no sea tan grato como parece pasarte la jornada laboral sujetando el miembro a un semental, debe ser muy satisfactorio contribuir en alguna medida al milagro de la vida. O no?

 

Miércoles. Buenos días

28.10.2014

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Siempre he entendido la curiosidad como una manera de enfrentarse a la vida. En concreto, mi manera.

 

También es verdad que aplico el término con cierta sutileza muy alejada de la acepción que la encadena a esos diseccionadores de corazones ajenos que encuentran su espacio en los medios.

 

No. Mi curiosidad no es eso. Es una sucesión de ojos y oídos abiertos que me empuja a viajar por todos los conocimientos que no tengo. Igual me eclipsa la materia oscura del universo que el sistema reproductivo de un cangrejo. Es la fascinación continua por este mundo nuestro tan complejo. Mi curiosidad vital, esa que llevo adherida al ADN y tatuada en un brazo, es la capacidad de la que me enorgullezco de interesarme absolutamente por todo lo que veo.

 

A pesar de eso, esta vena inquisitiva mía no acostumbraba a internarse por puertas entreabiertas de otros y, sin embargo, el otro día lo hizo. Sin malicia pero sin remordimientos abrí una caja de secretos que no eran propios. Y he terminado con un saber que probablemente no quería, ni era necesario, ni sé muy bien cómo manejarlo. Y aunque diste mucho de ser la caja de los truenos, comparte con ella algo: lo que una descubre ya no se puede volver a meter dentro.

 

Por eso hoy me planteo de qué murió exactamente el gato curioso y si la interrogación que me abandera no será, a la par que una bendición, una condena.

 

Martes. San Judas, qué ironía. Buenos días!

15.07.2014

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¿Y esa gente que camina arrastrando los pies como si llevaran el peso del mundo en cada suela? Suelen ser chicas y quinceañeras. Y da pena verlas

 

En su casa imagino que tendrán a la familia tan contenta porque a poco que les pongan una bayeta en cada pie deben dejar la tarima como los chorros del oro, pero cuando las veo por la calle me dan ganas de zarandearlas… Da la sensación que la vida les huelga, como si les pesara horrores el mero hecho de existir.  ¡Arrrggg! ¡Ese espíritu, hombre! Que la vida es eso tan maravilloso que tienes al siguiente paso. Si no vas camino del patíbulo, puedes darlo con un poco de brío!!

 

Siempre que veo un ser de esa especie se me viene a la mente la canción de Dorian:

“Hay gente que mata el tiempo

mientras sube la marea,

yo juro que viviría

dos mil años si pudiera”.

 

Aunque quizá esa mentalidad te la da la edad. Que con quince ves tu propia existencia como eterna pero, según vas cumpliendo, cobras conciencia de que sólo tienes una bolsa con tu tiempo, y que esa bolsa tiene un agujero… ‘Dios da mocos a quien no tiene nariz’, que diría un abuelo.

 

Pues eso. Lo juro. Dos mil años. Si pudiera… De momento sólo puedo disfrutar esto que tengo: un martes de julio; da para estar contentos. Buenos días!

30.05.2014

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Da igual cuantas veces nos pongan delante la misma puñetera piedra; siempre podemos volver a caer. El escarmiento es, por lo visto, flor de un solo día: se marchita en cuanto se enfría.

Y nosotros -muy ofendidos porque de tanto tropezón nos duele el pie- volcamos nuestra ira contra la piedra, como si ella pudiera elegir su manera de ser… ¡Noooo! La piedra, piedra es. No es inteligente, carece de empatía y probablemente no conoce la mala fe. Se cree compleja pero no llega ni a simple: es su naturaleza rocosa quien la empuja a hacernos caer. Culpa nuestra es confiar en ella y no levantar más el pie.

Esquívala, me dicen algunas… pues podría ser. Pero yo no sé andar con miedo a errar y, si no me implico con mis baches, ¿con cuál?

Puntera de acero en las botas, me recomiendan otras… podría ser también. Pero ¡que pena! la vida de un canto rodado no debe ser buena.

Al final, el golpe se lo lleva tanto la piedra como quien se lo da. Y es el tiempo el que tiene fama de poner a cada uno en su lugar: erosiona la roca, la reduce a polvo, le lima las aristas… y a nosotras nos hace más listas.

Y así, entre chinitas y pedruscos, la vida va pasando. Quién sabe si en ese sendero, una misma no acabará rodando… Viernes. Espero que esta mañana encontréis despejado el camino del fin de semana. Buenos días!!

07.02.2014

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Chanquete ha muerto.

Es más, hoy precisamente hace 32 años que murió y ya parece que lo iba yo superando hasta que el jueves pasado, haciendo una batida de canales, recalé en el Cuéntame y el pobre hombre la palmó otra vez. De la primera no me acuerdo, era pequeña y no debió de suponerme un trauma permanente (los niños suelen tener una capacidad de recuperación a prueba de cualquier drama televisivo) pero, cada vez que los de nuestra generación se ponen nostálgicos -que es día sí y día también- el pobre Chanquete vuelve a estar de cuerpo presente y eso sí que acaba siendo traumático. Que ya le tuvo que escocer a Antonio Ferrandis que no le llorasen ni la mitad que a su personaje…

El caso es que allá por el 82 se cargaron en prime time al abuelo de España y a nadie le preocupó qué impronta dejaría eso en los niños de la época, que ya habíamos pasado además por el cruel asesinato de la madre de Bambi. La muerte es parte de la vida (la parte en que se acaba, vaya) y los críos teníamos que asumir eso. Hoy en día esa sabiduría parece que se ha perdido: los niños son apartados de cementerios, hospitales y todo lo que huela a muerto en la vida y en el cine ¿Que no? Coño, que para uno que se cargan en Narnia (el león Aslan), lo resucitan en 20 minutos!

Lo que me temo es que con esta sobreprotección pase igual que con la del sistema inmunológico, que lo que no se va dando dosificado genere intolerancia…

Es viernes. Dosificaros el fin de semana no sea que, con la profusión de lágrimas etílicas, se nos ahogue el pescaíto. Buenos días…