vinilo

04.11.2014

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Ayer andaba yo con intención de hablaros de ellos, pero me perdí en el intento. Tengo dos peces nuevos. Dos vinílicas mascotas que ahora decoran espléndidamente la pared del salón.

Si son lucios, bacalaos, pirañas o meros no lo sé. Es más, me la trae al fresco. Lo que yo veo es, en un trazado sencillo, una historia, un chiste y todo un compendio de sabiduría contenido.

Son pez macho y pez hembra que llegan, cada uno por su lado, al mismo cebo: un corazón. Se encuentran y se miran sorprendidos: ambos han picado. De ahí en adelante, cada cual que los vea podrá sacar su propia moraleja.

A mí me chiflan. Sólo mirarlos me despiertan la sonrisa. Por esa expresión tan humana de sorpresa en sus ojos, por considerar el amor como un cebo y porque, para darle otra vuelta de tuerca a la ironía, los peces son conocidos por la escasísima memoria que tienen… Lo que os decía, en un simple dibujo aparece resumido todo un cuento romántico e, intuido, un final paralelo no exento de tono humorístico.

Que no son mascotas comprensivas de carne y cartílago? Es cierto, pero a ver qué habría de distinto para mí si en lugar de un vinilo fueran dos seres vivos. A parte de tener que cuidarlos, alimentarlos y quizá, durante 5 minutos, secar sus lágrimas un pañuelo.

Martes. Buenos días!

Peces enamorados vinilo pared

03.11.2014

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Uno tiene que adaptarse al medio para subsistir. Impepinablemente. Sí o sí. Está en el capítulo uno del manual de supervivencia. Y esto es aplicable, además, para cualquier medio: el laboral, el sentimental, incluso el doméstico.

 

Esto es, por ejemplo: mi casa es maravillosa pero no anda sobrada de luz y seguimos con las repetidamente comentadas obras vecinales, ergo de momento, no puedo tener plantas naturales. Pero mi espíritu primaveral me las reclama y, como me adapto al medio, hace tiempo me compré dos macetas maravillosas con sus hojas y sus flores pero de hierro, que esas no se me secan ni se me mueren. Problema resuelto.

 

Los animales: muy bonitos, muy entrañables, dan mucha compañía y consuelo… pero suponen unas atenciones constantes que no estoy dispuesta a prodigar. Luego, aplicando la teoría de la adaptación al medio, lo que ahora tengo son dos pececitos gigantes en el salón y una cebra rumiante en mi habitación. Todo ello en forma de vinilos autoadhesivos que, como máximo mantenimiento, precisan de quitarles el polvo un par de veces al año. Y otro problema menos!

 

Que digo yo que si ahora a los chavales les enseñan ‘conocimiento del medio’ les explicarán algo de todo esto…. Si no, me ofrezco a echarles una mano, que a veces me adapto tanto tanto, que el medio se me hace entero. Como el lunes, que de tan entero, se me hace eterno.

Noviembre en el calendario y en el cambiante tiempo…Habrá que adaptarse a ello.  Buenos días!