whatsapp

11.03.2016

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Yo no tengo ni papa de alemán pero muchas veces ese desconocimiento no es excusa para el entendimiento. El otro día, por ejemplo, entendía a la perfección a los cuatro chavales teutones que llevaba al lado en el metro, que conversaban animadamente en su idioma sobre las fräuleins que se la ponían dura (literalmente, ‘harten penis’): si preferían a las suyas alemanas o a las españolas… Como os podéis imaginar, profirieron tal sarta de animaladas (en este caso alemanadas) en el trayecto, que era imposible no darse por enterado del discurso.

Sin embargo, acabo de oír a un crío hablando perfecto castellano al que no entiendo… Iba explicándole a su madre cómo había calculado el resultado de una resta; no sé qué que al cinco se le caía el unito y se hacía seis y por eso -teniendo en cuenta que el cuatro era más grande que el tres- el resultado era diecinueve! Un galimatías incomprensible para mí, que resto por la cuenta de la vieja de toda la vida y no lo sabría explicar.

Pero la gran torre de Babel de nuestros días no es tan alta desde que el Google Translator la taladra y las mayores incomprensiones no están en quienes se hablan si no en quienes se escriben por  whatsapp…

No sé qué nos pasa que malinterpretamos las palabras del whatsapp. Con eso de que falta la pata no verbal de la comunicación, no le ponemos la entonación ni la intención correcta al interlocutor y bronca que te crió. Entre el exceso de abreviaturas, la ausencia de signos de puntuación y no verle la cara al que te envía el mensaje, es muy fácil que se monte el follón. Así es que, por favor, más comas, menos piques y que viva la comunicación!

Viernes. Que disfrutéis del finde y buenos días!

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18.12.2015

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A mí me ha pasado ya otras veces porque ya sabéis lo fácilmente que me instalo en la parra, pero creo que esta vez el mal se extiende: llegan las Navidades y no hay quien se concentre.

 

Entre el tiempo primaveral, el estreno de La Guerra de las Galaxias y la campaña electoral, no parece Navidad ni ná de ná. Parece que no procede felicitar las fiestas porque tenemos la cabeza, los whatsapp y las noticias a otra cosa mariposa… Ayer me llegó la postal de unos amigos que todos los años tienen la deferencia de usar el correo tradicional para transmitirme sus buenos deseos y me extrañó encontrarme su felicitación en el buzón!!

 

Es verdad que en el centro no hay dudas existenciales de esas: el adviento se deja notar en la densidad de población por metro cuadrado de acera, llegando a cotas de hasta diez personas por baldosín. Todos, por supuesto, viendo las luces, comprando en el Primark, aguantando la cola de Doña Manolita y haciendo fotos absurdas al Museo del Jamón.

 

Pero la cosa desentona porque a 18 de diciembre seguimos echando las cañas en terrazas sin estufas y la nieve sobre la cuál ese repartidor de Coca-Cola apodado “Santa” desliza su trineo es tan irreal que los muñecos de las tarjetas se están quedando en un charco y una zanahoria.

 

Y eso que las fieles seguidoras de la moda se empeñan en calzarse abrigos y chalecos de pelo despeluchados que recuerdan sospechosamente a un Chewbacca teñido y despellejado, como si también él participara en la campaña electoral…

 

Lo que os decía, con este panorama, no hay quien se embriague de espíritu navideño ni se centre en la Navidad, que bastante belén se ha montado ya. A ver si para el lunes cambia el plan.

 

Viernes. Disfrutad del fin de semana (si se tercia) y buenos días!

23.11.2015

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Últimamente -y fruto de la casualidad- casi todos los días le silbo a un cura por las mañanas.

 

Yo sé que es complicado de creer, pero no lo puedo evitar! Resulta que en mi casa no hay cobertura de móvil (cosas de los pisos interiores en edificios antiguos, será) y cada mañana, según salgo por el portal, el móvil pilla señal y me entra el mensajito de rigor bien avisándome de las llamadas que me he perdido, bien con publicidad, que desde que Dios inventó el whatsapp, solo me llegan SMS de Cortefiel y de Orange (eso sí, no me paran de llegar). El caso es que, aunque tengo casi todas las funciones del teléfono silenciadas, suenan en alto mensajes y llamadas, los primeros con ese silbido tan característico que venía de fábrica.

 

He ahí como, habiendo sincronizado el azar mi salida de casa cada mañana con el paso de ese muchacho de traje talar, le pego un fiu-fiu cada mañana que creo que le ha empezado a gustar, porque ya se sonríe cuando pasa.

 

Lo que ya no me atrevo a garantizar es si el chaval es cura, cura o tira más para sacerdote, fraile, canónigo o capellán. Debido a mi absoluta incultura acerca de indumentaria eclesiástica desconozco las implicaciones de su blanca sotana. Lo que sé es que el hábito de silbar está haciendo al monje perder la vergüenza, porque ya casi no se sonroja.

 

El caso es que, mientras no le de por darme una hostia (de las que no son de consagrar) yo no cambio la melodía, que bien fácil me es darle, cada día, una alegría.

 

Lunes. Empieza la semana y el invierno. Buenos días!!

30.09.2015

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De todas las esperas por las que uno pasa en esta vida, ninguna es tan ingrata como la de la muerte.

 

No me refiero a esa figura metafórica en la que oímos cómo el grifo del tiempo va goteando nuestros días formando un río que va a desembocar a la tumba, si no a la espera literal de la mortaja. A sentarte en un butacón de hospital mirando con aprensión un calendario sabiendo que antes de que arranques la próxima hoja, la hoja de la guadaña te habrá arrancado a una persona querida.

 

Y lo cierto es que aunque suene bonito así dicho, no tiene un carajo de poético. La agonía vista de cerca, a cámara lenta y monitorizada es una opereta espantosa. Quizá porque en las dramatizaciones buenas, las despedidas tienen su ritmo, están bien pautadas, bien medidas; cuadran con el metraje final. Pero en la vida real eso no pasa. La escena se te llena de miradas tristes, la mirada de vías intravenosas y mascarillas de oxígeno que tapan la boca y la boca se te atraganta con palabras de enfermedad: saturación, constantes, albúmina, hemoglobina, función renal… Y la despedida no acaba de encajar. Porque entre los besos sentidos, las manos que se buscan y se aprietan en silencio y las miradas que resumen lo que no se atreven a decir las palabras, resulta que tienes que mear y cagar; y llevar el coche al taller; y leer los chistes que te llegan por whatsapp. Porque en las películas, cuando empieza la música sentimental, el resto de acontecimientos se detienen, y sabes cuando llega el minuto exacto de decir adiós y luego cae el telón. Pero sin esa dirección artística, sentarse a los pies de un lecho de muerte tiene tanta poesía como un jodido folleto del Media Markt.

 

No. No hay espera más infructuosa ni despedida más definitiva y, sin embargo, no se acompasa ese último compás.

 

Vuelve a ser miércoles. El pulso de mis días se ha vuelto a reiniciar. Buenos días.

07.11.2014

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Nunca dos checks azules habían causado tanto revuelo. Ayer no se hablaba de otra cosa; hervían los mentideros de la villa y corte del smartphone… Whatsapp nos controla! Nos espía! Nos vigila! Nos exprime! Nos espachurra!

 

La verdad es que saber en qué minuto exacto te lee quien te lee a mí también me impresionó un tanto, pero ahora que el cuerpo se me ha hecho al cambio, no me parece descabellado. Antes se daba por sentado que leías todos los mensajes en el momento de la última conexión, pero lo cierto es que a veces te conectas un momento para algo y no puedes leer todo lo que te han mandado. Ahora, si usas la aplicación como un ciudadano de bien, no tienes nada que temer.

 

Al fin y al cabo, se trata de reforzar la comunicación. Y si ignoras o eres ignorado hacerlo de frente, con conocimiento de causa. Porque el que quiera obsesionarse con la hora de lectura o conexión, siempre va a encontrar el medio para hacerlo. Otra cosa es que el nivel de atención que dediques al mensaje en cuestión, que a veces uno escribe ‘verde’ y el otro lee ‘vente’ y para eso no hay -de momento- ni símbolo, ni solución.

 

Lo de siempre, vaya: que la tecnología es la que es y somos nosotros los que optamos por darle un uso bueno…o no. Lo que es bueno sin discusión es el día de la semana: viernes y, en Madrid, este finde viene con premio. ¡A disfrutarlo! Buenos días.

01.10.2014

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Al hojear el otro día el catálogo de un hipermercado -de esos modelo enciclopedia que sacan ahora para el otoño- me di cuenta, de repente, de que mis hermanas han crecido: tuve que saltarme íntegra la sección de juguetes infantiles, porque ya no tengo excusa para mirarlos. Ya no les interesan en absoluto ni la muñeca Bratz de turno (que a decir verdad, nunca les ha hecho mucho tilín) ni el ‘Crea tus propios tapetes de macramé Feber’ (que tampoco). Ahora intentan quitarse a garrotazos el olor a pañal y el mayor de sus entretenimientos es jugar a ser mayores, con todos sus complementos: maquillaje, ropa sin lazos, teléfono móvil, cámara de fotos y ese aire de inconformismo perpetuo que se gastan.

 

Ahora el juego es wasapearse tonterías con el chavalito de turno mientras se arrastran de la cama al sofá y regalan sus primeros besos, sus primeras lágrimas y algún que otro desvelo. Lo cierto es que lo segundo y lo tercero todos lo hemos hecho; la diferencia radical estriba en lo primero: los que vivimos la preadolescencia antes de que Dios le diera un vuelco a las telecomunicaciones no podíamos tontear con el muchacho de turno desde la comodidad de nuestra casa. Nos tocaba desplegar nuestros encantos en el cara a cara, con toda la vergüenza que ello podía acarrear. Los de ahora, se dicen de todo por vía telemática y, cuando se ven, no tienen nada nuevo que contar, por lo que no les queda otra que ‘enrollarse’ para no dar por perdida la tarde…

 

A riesgo de sonar a lo que no soy: ni mojigata ni anticuada, lo nuestro me gustaba más. Enfrentar las cosas a la cara y no tras el chaleco antibalas de una pantalla me parece una lección de vida fundamental (además de mucho más natural); ese mercadeo de afectos tan evidente en el que la foto de perfil es la pieza de carne expuesta me horroriza, pero veo difícil la vuelta atrás. Esperemos que lo superen al madurar…

 

Miércoles y Día de los Mayores; de los Viejos, vaya; de los que han madurado ya. Buenos días!!

30.09.2014

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Y dime,

¿Qué es de ti?

¿Sigues camuflado entre los pliegues de mi facebook o estás en tu muro, emparedado?

¿Lees alguna vez mi estado de whatsapp?

¿Aún frecuentas nuestras letras comunes?

¿Sigues mis devenires camuflado tras una cortina de aislamiento o te has diluido en tus propios silencios?

 

Empiezo a sospechar que eres un fantasma: silencioso, irreal, habitualmente ausente, vienes del pasado… tienes todas las papeletas, no lo niegues.

 

Y es que las redes sociales han creado una categoría nueva de espíritus, me parece. Son personas vivas, pero transparentes. Que están pero no están. Que sospechas que miran y callan, pero pudiera ser que ni miraran.

 

Todos tenemos agregado alguno de esos, de los de c. interruptus (donde c. no es coitus si no comunicaciones), con los que alguna vez has hablado pero que, en algún momento, han pasado de participantes a meros observadores.

 

Cómo gestionarlos es ya una opción variable: hay quien hace limpieza y los borra de un plumazo, hay quien prefiere ignorarlos. Personalmente asumo que esto de las redes es una especie de escenario, en el que hay personas que participan y otros que son público callado… Lo cuál no significa que no me guste, de vez en cuando, zarandearlos.

 

Martes de un septiembre que se va, casi sin notarlo. Buenos días!!