Z

26.11.2013

Posted on Actualizado enn

Es curioso como, por más que conozcamos los efectos perniciosos que alguno de nuestros actos nos provocan, insistamos en caer en ellos una y otra vez. Por ejemplo: ver películas de terror.

¿Qué necesidad tenía yo de acostarme el otro día nerviosa y con taquicardias? ¡Pues ninguna! Pero se me ocurrió la brillante idea de ver ‘Guerra Mundial Z’ sin leer con detenimiento la sinopsis, por lo que desconocía que la “Z” venía de “Zombie” ¡para qué queremos más! No es que el metraje tenga más de un par de sustos tolerables (que llegué al final sin abusar del cojín tras el que me escondo de las amenazas televisivas), es que, con esa bendita empatía circunstancial que me rodea, a los 10 minutos de terminarla de ver, se fue la luz en mi casa; no sólo en mi casa: en todo el edificio y me tuve que acostar con la débil compañía de las luces de paso -que van a pilas- y la imaginación inundada de hordas de zombies recorriendo las calles de Madrid, a sabiendas de que mi aislamiento sólo era una protección temporal ante la hecatombe pero pensando -con una templanza heroica desconocida hasta ahora en mí- que, puesta a vérmelas con una marabunta de muertos cabreados que quieren morderme, mejor sería que me pillasen descansada…

Ahora ando con ganas de torturarme con Expediente Warren pero creo que voy a dejar que se asienten los zombies antes de despertar a los espíritus demoníacos, no?

Martes con M de miedo y de… Muy buenos días!!

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