amistad

13.04.2015

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Eso que hemos hablado algunas veces aquí de no lograr ser rencorosa por la incapacidad manifiesta de recordar lo mal que te sentó una cosa, tiene una contrapartida negativa en la que, hasta ahora, no había caído: eres permanentemente vulnerable a la decepción.

Lo normal sería que una persona pudiera decepcionante una sola vez; a lo sumo dos. Pero cuando añades el componente mala memoria selectiva, por mucho que alguien querido te haga un daño, siempre vuelves a partir de cero. Siempre dejas el corazón al descubierto y ¡zasca! siempre puedes volver a llevarte un coscorrón.

Por eso cuando este fin de semana me han dado un cachiporrazo (metafórico) en los morros que ya me habían atizado antes, el primer instinto ha sido dramático, iracundo y escandaloso pero, mediando el tiempo reglamentario para que me dejara de hervir la sangre, me di cuenta que se me venía a los labios el poso de un recuerdo… Esto ya me ha pasado antes (pensé yo). Y tras pasar por mi cabeza una tira de viñetas estilo Capitán Trueno (¡La venganza será terrible! y todo eso), me dije ¡qué coño! Esto ya lo he vivido y -lo que es más importante- ya lo he sobrevivido… No es para tanto!!

Y así, a base de tropezones y sangre que se coagula y se disuelve, esa lección la voy aprendiendo: que los amigos -aunque nos pese- son un complemento circunstancial y que aunque el cariño y los buenos momentos compartidos los atesores, cuando las circunstancias son cambiantes, cambian las relaciones. Así las cosas, no tiene sentido pegarse ni apenarse por quien decide voluntariamente el desapego. C’est la vie! Por suerte, salvando ese puente, el rencor tampoco procede…

Lunes. Buenos días!

20.02.2015

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Desde que Dios inventó las cestas exteriores para publicidad y las grandes compañías descubrieron que les salía mucho más eco(nómico)lógico dejar de enviar las facturas en papel, el buzón del portal suele llenarse… de polvo, básicamente.

 

Pero esta semana algo bueno he debido de hacer porque se me ha llenado de alegrías (algo malo también, pero creedme  que no puedo confesarlo esta vez; baste saber que he vuelto a dejarme la cara hecha un cromo y hasta ahí puedo leer). Primero un paquete que no por esperado me ha causado menos ilusión y que es el resultado de una colaboración de esas que (como diría mi compañera imitando el acento borbónico) ‘me llena de orgullo y satisfacción’ y después una invitación personalizada y divinamente decorada a la comunión de mi preciosa sobrina María.

 

Y aunque parecen envíos aislados que no guardan relación entre sí, en realidad tienen un nexo común: la amistad. Porque sin contar con la de Kety nunca habría diseñado una postal y sin la de Sonia nunca hubiera sido tía (bueno, quizá algún día, cuando mis hermanas lleguen a la edad). Así es que chicas, hoy toca esto: daros las gracias. A vosotras, a Mati y Mariano que me han tenido a dieta estricta de deliciosas filloas con compota de manzana para desayunar  y a mi rubia particular, alías María, que -por lo mucho que me conoce- sabe anticiparse a mi mala lengua y no me deja meter la pata, cosa que tan bien se me da.

 

Y dado que esto de echar y recibir flores me gusta tanto como una tarta cubierta de fondant -es decir, nada de nada, por si había alguna duda- no me voy a explayar más, que la lista es por fortuna larga y no todo se debe desvelar… Gracias a todos, amigos. Buen fin de semana y buenos días.

13.10.2014

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Ya sé que el viernes estuvo pasada por agua la cosa, pero es que hoy me toca hablar de nuevo de la lluvia que, en general, me parece un tanto engorrosa. Es como la arena en la playa: tiene su lado bueno, puede ser divertida y es necesaria, pero tiene un ligero inconveniente: moja.

Si te pilla animada, te la pones por montera y pasas de ella hasta que escampa. Pero cuando persiste y te empapa no le encuentras ya la gracia: los vaqueros te pesan, los pies te hacen chof-chof en tus zapatillas inundadas, se te corre el rimel por toda la cara y te sientes como una gamba mal descongelada.

Aún así, en las peores circunstancias, la lluvia en Madrid es capaz de obrar su magia; transformar un sábado de estos tontos en el recuerdo estupendo de una aventura urbana: cuando te toca enfrentarte al juicio final en forma de diluvio universal atrincherada en la terraza de un bar bajo una sombrilla, con una amiga con más sentido del humor que toda la plantilla del Club de la Comedia, una pareja con cara de circunstancias, una pandilla que celebra los truenos brindando con algo que parece café servido en copas de cava y un senegalés simpático que ha hecho el agosto vendiendo paraguas. Cuando las calles a tu alrededor se han convertido en ríos y la luz verde de un taxi es la esmeralda más preciada, la adrenalina se te dispara y piensas que tienes súper-poderes, como convencer al agua de que caiga recta y, si funciona, reírte más cuanto más llueve.

El gran súper-poder que en este país solemos tener es más o menos ese: encontrarle el chiste a la buena vida, a la mala e incluso a la muerte.

Lunes. Hoy también llueve. Buenos días!!

30.06.2014

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Ya me acojoné (os lo conté) la primera vez que el móvil me mandó para casa. Había ido a ver a mi madre, se me hizo un poco tarde y me saltó un aviso en el móvil que me decía que saliera inmediatamente para casa porque iba a perder el último tren. Bueno, pues me ha vuelto a pasar; me sigue pareciendo la bomba pero ya no me impresiona tanto porque en realidad Google sabe dónde vivo y cómo llegar. Le puedo perdonar el instinto paternal.

Pero ayer me volví a quedar anonadada delante de la pantalla, esta vez con Facebook y sus sugerencias de amistad: aparecían las típicas recomendaciones de que me haga amiga de los amigos de mis amigos (sospecho que Zuckerberg es el último fan sobre la tierra de las chicas de Objetivo Birmania), lo que está fenomenal cuando les conoces y te llevas con ellos, pero se aproxima al acoso cuando no les conoces de nada… Pero además, tenía como sugerencias a un señor al que sólo conozco de vista y a tres personas de mi ámbito laboral: y aquí es donde me eché a temblar.
Agarro el nabo y a Dios pongo por testigo que jamás le he dicho a Facebook dónde trabajo, ni tengo agregado a ningún cliente a mi libreta de direcciones personal ¡! Pues me aparecen una era una antigua compañera con la que no mantengo ni he mantenido relación personal alguna, una clienta de la oficina a la que he conocido por la foto, porque tiene puesto un nombre que no es el suyo real y, agarrarse los machos, la ex cuñada de mi jefa, a la que no conozco más que por referencias…

Inquietante, no? Es que nadie sabe con qué algoritmo calcula Facebook estas cosas? Cómo deduce los grados de intimidad? Lo digo porque lo mismo me creo que sea un matemático experto en programación, que una pitonisa con su bola de cristal y en cualquiera de los dos casos, hay un montón de dudas que les quiero preguntar.

 

Lunes. A saber qué nos sugerirá la nueva semana… Buenos días!!

30.01.2014

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Siempre he creído que el sentido del humor es uno de esos pilares fundamentales que sostiene la relación entre los adultos. La verdad es que dicho por escrito parece una superficialidad imperdonable pero, llevado a la práctica, engloba mucho más que reírse de los mismos chistes… por las cosas que nos hacen gracia se infiere el cristal con el que vemos el mundo y, no sé si de manera consciente o inconsciente, pero me es más fácil compartir el llanto con quien también he podido llorar de risa; como si el humor fuese el lubricante del mecanismo invisible que hace funcionar la amistad. Me reconforta la familiaridad que conlleva que alguien se ría de mí en mis narices y valoro mucho la capacidad de reírse a carcajadas de uno mismo; me parece un síntoma de fortaleza.

La cuestión no es el pensamiento único, si no la comprensión. Algo así como sintonizar el dial de la radio: si eres alguien con mucho sentido del humor, tu ancho de banda es amplio y entrarán en él la mayoría de tus conocidos -unos alcanzando la sintonía fina y otros no- pero todos en la misma longitud de onda. El problema aparece cuando encuentras a alguien que tiene AM estando tú en FM o incluso tiene apagada la radio… ¡a hacer puñetas la comunicación!

Así al menos lo entiendo yo que, como le dije el otro día a uno de esos con quien mucho me he reído, ‘me cuesta hablar sin mofar’, aunque me ponga extrañamente seria para esto del humor…

Jueves, penúltimo de mes y San Barsimeo, que nos quite los cabreos. Buenos días!!

30.07.2013

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Algunos la entienden al retorcido modo del Padrino

“Si hubieras mantenido mi amistad, los que maltrataron a tu hija lo hubieran pagado con creces. Porque cuando uno de mis amigos se crea enemigos, yo los convierto en mis enemigos. Y a ese le temen”

Otros saben sintetizarla con la tierna sabiduría de E.T

“Estaré aquí mismo”

Pero sólo los japoneses son capaces de comprimirla en un ideograma y sólo a la ONU se le podía ocurrir imponerla mediante Resolución 65/275 en un ‘Día Internacional de la Amistad’

Personalmente, como no me he levantado con un día de esos retorcidos ni tierno tampoco, pondré mi amistoso granito de arena remitiéndome a la RAE, que da una comprometida definición con 8 claves como 8 soles, que te deja la lista de amistades por menos de la mitad:

“Afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”

Último martes de julio. Tanto para los de un lado como para los del otro de la división gramatical, buenos días!!

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