calles

26.05.2015

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Ayer tenía tantas palabras al filo de la lengua que se me quedaron ahí. Al final me pudieron el cansancio y las obligaciones. Porque este lunes ha sido -oficial y oficiosamente, además- el de la resaca. Resaca electoral y resaca particular que no me ha quedado más remedio que dejar aplazada… Me las ingenio como nadie para enlazar eventos y acontecimientos de tal manera que apenas me queda tiempo para convertirlos en recuerdos que saborear.

 

Así el viernes se me fue de las manos rodando por la oscura noche, el sábado se me fueron las fuerzas entre bolas, plumas y pelucas y el domingo lo di todo por este invento que ya no nos es tan nuevo de la democracia.

 

Lo gracioso es que son los mismos pies los que toman tantas veces esos caminos tan diferentes… Un día hacen la ruta del adolescente que vuelve a casa al desamparo de la luz del día por unas calles que están todavía sin estrenar, con la melena apuntando al este de la península y con un cordón desabrochado y chivato balanceándose bota-abajo. Y otro día hacen la del adulto responsable que madruga, desayuna, se lava con agua fría la legaña y se olvida de las cañas en domingo para trabajar lo que no está en los escritos.

 

Los pies -y los instintos- son los mismos. Y el aspecto es parecido. Pero algo en tus maneras te debe delatar que ni miras (ni te miran) igual cuando hueles a noche que cuando atufas a acabar de madrugar.

 

Pueden parecer sutilezas perceptivas sin mayor importancia, pero a la hora de la verdad, esos son los recuerdos que te quedan en el paladar: el de un portal ajeno en el que tú ni siquiera estabas, un cariño compartido que se hace boa de coloridas plumas y una fotografía en seis colores frente a una urna. Debe ser que a mí me gustan más las diferencias que las sutilezas.

 

Martes. Buenos días.

19.11.2014

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El otro día volví a hacerlo: me fui de excursión (urbana). Esta vez no se trataba de ir en busca de gangas allá donde sopla el viento frío de la despoblación si no que me interné en lo más hondo de Madrid en busca del mejor Cous-Cous que se pueda comer a este lado del estrecho.

Para llegar a él, como en los cuentos, el hada nadadora madrina me encomendó tres pruebas: “recorrerás el camino del monte hasta que no reconozcas ni tu propio nombre, subirás el puerto indicado sin haberte asustado y finalmente pagarás lo convenido (que es un precio bastante reducido)”.

Bromas aparte, no deja de sorprenderme descubrir zonas en mi propia ciudad en las que me siento tan ajena y ésta de los montes vallecanos lo es. Ni me da miedo ni me asombra: las calles son calles y los palotes de hierro con bombillas son farolas, como en cualquier otra parte; pero algunas miradas sí que saben ser excluyentes; y unas cuantas de esas me encontré.

Igual me da. El contraste de las vistas a un lado y otro de la M30 me parece de una belleza singular y como paladín de la buena comida a buen precio no hay río metafórico que no esté dispuesta a cruzar. Además, el aire de pueblo y el comercio colorista siempre me han encandilado, así no es fácil echarme para atrás. Pero… ya vale de mirar.

Miércoles. Qué deprisa. Buenos días!

27.10.2014

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Nada como volver a casa en barco.
Palpando unas calles que llevan ahí cientos de años.
Esquivando islotes de dos patas con la bandera de Dinamarca.
Murmurando palabras de nadie que se te han quedado en la garganta.
Destilando el fruto de las decisiones tomadas.
Saboreando alguna almendra dulce y alguna amarga.
Encontrando tantos baches como pisadas. Dudando de tu propia fe de erratas.

Nada como dejarte arrastrar en plena tormenta por una cubierta que resbala, aunque la noche sea temprana y soleada.

Hay algo de tu propia esencia que se te escapa, como el rastro del sabor de otro cuerpo que se te quedara en la boca, sin saberte a nada.

Siempre te habías creído David guardando una piedra bajo la manga, pero el sonido de una falsa alarma te convierte en Goliat recibiendo la pedrada. Que no duele, pero resquebraja la coraza.

Podrías ser tú la que habla, en lugar de la que siempre se lo guarda, pero eliges ser corcho, que tiene más fácil la jugada: mantiene al genio encerrado en la botella y, además, flota sobre el oleaje de estas calles adoquinadas.

Por eso algunos días es imprescindible volver a casa en barco; por si a la vuelta de aquella esquina ya no quedara nada.

Hoy no. Hoy empieza una nueva semana. Buenos días…

23.09.2014

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Hay algunos pueblos que lo tienen todo. Bueno todo no, pero sí todo lo que tienen que tener para prendarte. Covarrubias, en Burgos, es uno de ellos: tiene bonitas calles empedradas, un puente majestuoso, casas de vigas de madera al aire que son un deleite, su Torreón imponente con leyenda popular al frente, su Colegiata rodeada de susurros de río y paseo de árboles… Un encanto singular… y, además, tiene una ermita a San Olav.

La cosa viene de largo e incluye a una princesa noruega que aterrizó por aquellos pagos fruto de un enlace concertado con un infante castellano. La pobre nórdica, por lo que se ve, no le encontró el gusto a nuestras tierras y falleció, allá por el 1262, tan joven, rubia y hermosa que su marido le construyó una bonita losa. Lo que por lo visto su viudo no le hizo, pese a haberlo prometido, era una capilla en honor al santo vikingo.

Por eso, para resarcir a la princesa desdichada, se creó hace unos años una asociación de paisanos de Noruega que van una vez al año al pueblo y allí acampan, cambiando esos días morcilla de Burgos por salmón Skandia.

Auspiciada por esa fundación, se construyó hace un par de años, además, la ermita prometida. Y por hoy, dejo la historia aquí, que aún tiene trazas de tener final feliz. Mañana os contaré la cara B del cuento….

Martes y Santa Tecla (elijo la de la ñ, que es patrimonio nuestro). Buenos días!

29.05.2014

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Ayer volví a soñar en 16:9 y con títulos de crédito.

Era un sueño/película de acción. Había cometido un atraco (no sé si a un banco, esa parte no salía) y todo el metraje se centraba en la huida. Me reunía con mis numerosos compinches en distintos puntos de una Barcelona absolutamente onírica para recuperar el botín, repartirlo y fugarme pero, cada vez que parecía que estaba todo resuelto, nos avisaban de que se acercaba la policía! Y de nuevo a correr con disimulo por calles estrechas y empedradas, a cruzar puentes de hierro peatonales sobre un río de tonos púrpura y a localizar al siguiente contacto de la banda para encontrar la salida…

Cuando sonaron el despertador, el móvil y el reloj del baño por la mañana, lo que mi cerebro procesaba era que me acechaban las sirenas de tres coches patrulla, así es que en vez de despertarme, corría más desaforada… Al final abrí un ojo en el momento estelar de la probable detención y ahí sí que tuve que volar para llegar al trabajo, que para colmo salgo a la calle y el que también está volando es el helicóptero de la policía ¡Coño! ¿En serio me estará buscando?

Al final llegas cinco minutos tarde a la oficina, pero ni te molestas en explicarle a tu jefa lo que te ha pasado. Vanessa, tienes aspecto cansado. ¿En serio? ¡Qué raro! Serán las renombradas ojeras porque yo dormir, he dormido… Jueves. Buenos días.

09.08.2013

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[Cosas que sólo pasan en verano]

Llegas a las mil y mona de anoche a tu casa preocupada por dónde lograrás soltar el coche ya que tu calle sólo tiene 11 aparcamientos y…. aparcas en la propia puerta!!

Además, sales taaaaarde de casa ésta mañana y, aunque los semáforos te impiden atravesar una calle entera sin pararte y los taxistas hacen gala de su título de propiedad de la calzada haciéndote sistemáticamente la puñeta (dos cuestiones no exclusivas del estío, por cierto), gracias al tráfico fluido (esto sí es exclusivo de agosto), llegas a la puerta del trabajo a las ‘y 59’ para quedar puntual a lo british total.

Me-en-can-ta.

19.05.2013

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He rodado por estas calles, ya las he vivido, a otras horas, en otros mundos, he sido la hoja que arrastraba el viento de un lado al otro de la acera. Otros horadaron antes el mismo camino, otros fueron antes la hoja y otros lo serán después, pero no les mecera el mismo viento, las paredes de la calle no les guardarán el mismo eco de mis pasos. Por que hoy ésta es mi calle, éste es mi tiempo. Este es el camino, mi camino. El camino que es tan conocido como inescrutable. Lo que era nuestra ruta y ahora es sólo la mía. Mi ruta a ese futuro incierto que parece acecharme en la siguiente esquina. Esquina que corta el viento que mece la hoja. La hoja que tantas veces me siento.

Buenas noches… y un beso