lluvia

02.09.2016

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Y así, sin más ruido que el de cuatro gotas de lluvia que han sonado poco pero dicho bastante, ha llegado septiembre.

 

Viene, como siempre, con la amenaza velada de traer el otoño entre sus pliegues. Y me ha cogido por sorpresa, a pesar de tenerlo vigilado, a pesar de usar el calendario como una herramienta de trabajo.

 

Pero suele pasarme. Conservo intacta la ilusión veraniega porque la vuelta me ha dejado en el punto de partida aunque en el lado más vacío del reloj de arena, con el estío escapándose grano a grano. Total, cambio de año emocional pero por lo visto no cambio nada más…

 

A ver, que el agua fluye y mi vida también es uno de esos ríos que van a dar al mar -que diría el poeta- y tal. Y los cambios se van produciendo, por supuesto, pero con su propia cadencia, sin coincidir necesariamente con el calendario escolar.

 

Así, ayer sentía cómo el engranaje de la cotidianeidad me atrapaba sin escapatoria. Vuelvo a ir a nadar. Vuelvo a atar los devaneos mentales con cuerda corta. Vuelvo a caer en mis propias marañas. Vuelvo a desear pecar. Vuelvo a subir, vuelvo a bajar. Vuelvo a una vida que no es rutinaria pero me lo parece por ser conocida, por ser la mía.

 

Una vez más necesito escribir y dejar en puntos suspensivos lo que no quiero hacer verbo, porque -en realidad, casi siempre- pocas palabras no bastan y, como estamos a principio de curso, me doy el lujo de dilapidarlas…

 

Viernes… pero septiembre. Buenos días!

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03.11.2015

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Ayer me acogí a festivo.

Eso “se le vale” ¿no?

 

A pesar de que no procedía porque en Madrid era día de labor, en solidaridad con otras comunidades que tenían ese lunes en rojo, pensé que era apetecible hacerse la del caracol: no sacar los cuernos porque no hay sol; lo que viene a ser encogerse dentro del caparazón y hacerse la babosa despistada que se queda en casa. Que no? Y tan agustito, porque hacía un día de perros!

 

Pero no coló… Ni lo uno ni lo otro. La solidaridad vacacional no la admite -por lo visto- el Estatuto de los Trabajadores y la expresión ‘día de perros’ hace varios siglos (literalmente períodos de 100 años) que la usamos mal.

 

Por lo visto es un dicho antiquísimo que se refería a los días de calor abrasador: debido a la posición del eje de la tierra, caía la canícula a finales de junio, coincidiendo con la salida matutina por primera vez tras reaparecer por detrás del Sol, de la estrella Sirio, la más brillante de la constelación de Canis Major (Can Mayor). De ahí lo del día de perros, que se ha ido desvirtuando -nadie sabe como- hasta los días de lluvia y tormenta como el que disfrutamos.

 

Desahuciados caracoles y tortugas y con los chuchos tan confusos, al final sólo me sirvió el pataleo para ausentarme de este muro. Visto lo cual, no vuelvo a innovar con el calendario. Hoy toca martes, pues martes. Aunque mentira me parece que ya estén en el súper cambiando las calabazas por los turrones. Podemos fingir que no es noviembre? Podría ser lluvia de primavera lo que se siente… Buenos días!!

19.10.2015

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Después de pasarme un fin de semana en el que, porcentualmente he estado menos tiempo seca que mojada, he podido constatar una vez más que divertirse como una enana no es una cuestión dada por una meteorología más adversa o más simpática, si no cuestión de ganas.

He tenido por aquí estos días a mi hermana (para los que tenéis buena memoria y solera en esta página, es aquella que el 21-05-2014 tocaba tan mal la flauta y que afortunadamente -a sus 14 años- ha dejado ya de tocarla) y lo que en principio era un fin de semana sin planificar y con flacas esperanzas de hacer casi nada, se ha convertido en una experiencia a recordar.

Ya empezó el viernes de forma inesperada, con alguna pelotera y mi mano derecha vendada, pero rodando con tanta naturalidad como la maleta que llevábamos a cuestas. Pero el sábado nos salió de traca. Decidimos hacer uso de esto que los ayuntamientos últimamente tanto fomentan: la bicicleta urbana y creo que no hay cosa que nos pudiera pasar que no nos pasara…

Haciendo uso de ese ojo clínico que no sabíamos que tenía mi hermana, eligió -de entre las 25 bicis disponibles- la más granada: le faltaba un manguito del manillar, se le salía la cadena y el motor eléctrico apenas funcionaba. Con lo que el paseo por el río -que debía ser una cosa tranquila- se convirtió en una prueba de supervivencia en la que acabamos caladas, con las manos negras de grasa y llevando su bici cargada en lugar de ir ella montada. Pero para más INRI, al llegar a la parada, no había sitio para dejarlas, así es que nos tocó cambiar la mala por una que funcionara y adentrarnos en el tráfico de una lluviosa tarde de sábado para llegar a casa… No os daré detalles; baste decir que estamos vivas para contarla. Pero os aseguro que cuando dejamos las bicis a la puerta de casa, nos abrazamos saltando de alegría como aquellas que coronan la cima más alta!

Aparte de eso, todo ha sido sushi, risas y compartir paraguas y confidencias. Vamos, una gozada de fin de semana. A ver que tal se nos da este lunes, ducentésimo nonagésimo segundo día del año… Sería bonito celebrar la victoria de Escipión en la batalla de Zama. Alguien se apunta? Buenos días!

23.03.2015

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Tengo las piernas claustrofóbicas.

 

Os parecerá extraño puesto que en invierno acostumbro a llevarlas enfundadas en medias o pantalones sin mayor remilgo, pero es rigurosamente cierto. Cuando tienen asignado un hueco específico -como en un autobús o una grada- se angustian y necesitan salir a respirar (léase andar, patalear… moverse, vaya). También les pasa en espacios más abiertos cuando detectan el relax; el relax también les angustia. Mira tú qué gracia.

 

He leído por ahí que son síntomas de no sé qué síndrome de piernas inquietas, aunque yo siempre lo he llamado ‘nervios en las piernas’. Ni idea, pero puestos a otorgar atributos a mis extremidades inferiores pienso que la claustrofobia define mejor la sensación que se apodera a veces de ellas. Una especie de encierro sin paredes que me recorre cual espasmos desde la cadera al tobillo, hasta que las zarandeo o salto o pataleo y me alivio. Lo sé: es raro.

 

Por eso nunca he comprendido por qué hay sillas en las cafeterías de las áreas de servicio. Quizá son para ciclistas, que esos ya las traen bien movidas; o para los que no cazan asiento en los buses urbanos (como el 32, que se llena de ancianos y a menos que seas mayor de 75 o estés de 9 meses te toca ir espachurrada y de pie), aunque no recuerdo que esos autobuses hicieran paradas de descanso en las gasolineras…

 

En fin, que me despisto. Qué quizá si no compraran sillas, taburetes y hasta bancos de exterior podrían cobrar el medio litro de agua algo más barato, no? Porque cada vez que suelto más de dos euros porque de sed muero se me inquietan no sólo las piernas si no hasta los brazos… Lo justito para tener que aliviarlos a puñetazos!!

 

Lunes gris de lluvia y sueño, pero… Buenos días!!

18.03.2015

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No me lo puedo callar más. Os lo tengo que contar… No soporto al hombre que da el tiempo en la Uno por las mañanas. Martín Barreiro, se llama.

No digo yo que el chaval no sea un lumbreras; que se habrá sacado su carrera de física y sabrá leer los mapas de isobaras incluso mejor que las gitanas del romero las rayas de la palma de la mano. Tampoco le tengo tirria por haberme pasado por agua este puente de San José, porque entiendo que el muchacho es un mandao en lo que a las condiciones meteorológicas se refiere. La razón de que no le aguante es que se explica como un puñetero libro cerrado, es decir, FATAL.

Mezcla en una frase ininteligible las lluvias en el norte con el viento en el oeste. No sigue un orden ni geográfico ni lógico. Lo mismo te habla de agua de levante que de nieve en cotas bajas de la cordillera penibética. Su uso de los conectores es nefasto: ‘pero, sin embargo, luego…’ son añadidos a su discurso sin sentido gramatical alguno. Y después de prestarle toda mi atención cada mañana, lo único que consigo saber a ciencia cierta es si habrá niebla en las Pitiusas o no. Que eso lo dice siempre alto y claro ¡Arrrgggg!

Y esta nulidad para hacerse entender, que sería perdonable en un amigo o en un familiar, no lo es en un tío que se gana la vida -y estoy segura de que se la gana bastante bien- saliendo en la tele cada mañana para explicar el tiempo que nos va a tocar. Así es que a los puñeteros responsables del ente público les pido que el señor Barreiro siga si quiere interpretando mapas pero en la intimidad y que busquen algún meteorólogo que sea además, buen comunicador, que estoy segura de que los habrá… Un Maldonado, sin más. Gracias.

Feliz puente (a quien lo tenga y le guste la lluvia) y feliz resto de semana a los demás.  Buen miercoler-nes y buenos días!!

14.11.2014

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A la vista de que en París andan buscando un tigre fugado y de las previsiones meteorológicas para este fin de semana -que dicen (literalmente) que hará frío en zonas altas, tiempo más cálido en la costa y lluvia a mansalva en el resto- he decidido hacer sábado y domingo el simulacro de holocausto nuclear que tenía pendiente.

Vamos, que me voy a encerrar a cal y canto donde la lluvia no me salpique; parapetada detrás de un bol de palomitas y el montón de películas que tengo pendientes, a ver si libero algunos gigas de cine que he acumulado con más ilusión que tiempo para dedicarle.

Además, el cambio este del ‘veroño’ por el ‘frescoño’ (como dicen), trae aparejado un trabajo doméstico que también tengo por hacer: lo que es sacar la ropa de invierno de una vez, que a los tres jerséis que tengo fuera le van a salir bolas de tanto quitar y poner…

Y es que, en ocasiones, el cuerpo (o la mente, no sé), te pide algo de sosiego; no doblar más esquinas que las de tus cuatro paredes, encontrarle la curvatura perfecta a la almohada y comenzar un sonado romance con los cojines del sofá.

A ver qué tal se me dan todos esos planes… Feliz finde. Buen viernes y buenos días.