curiosidad

05.09.2016

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Cuando mi abuela veía mariposas blancas, tenía carta de mi abuelo -su novio- al volver a casa. Yo no paro de ver mariposas moradas y amarillas, pero no tengo cobertura… Para el caso es igual, porque tampoco es que con señal me suelan llegar declaraciones románticas. A mí me pasan otras cosas, eso es verdad. Este fin de semana no he parado de encontrarme cosas curiosas: camiones de cactus, una furgoneta de reparto de Salvat a 160km/h (que no sabía yo que los libros hubiera que entregarlos con semejante urgencia), un motorista fantasma, un café en La Cabrera, una Hello Kitty que me ha rendido su perla, tres señores con grandes mamas opositando a negros de solemnidad, moscas que huelen a pez y no se dejan matar… Esas pequeñas curiosidades que tanto me gustan.

Pero no cartas.

Para desgracia de dobladores de sobres y chupadores de sellos, de cartas nada.

Ni para que se cumpliera aquella vieja canción de La Guardia que siguen tocando las orquestas ‘Cartas en el cajón y ninguna es de amor’. Pues no. Ni de amor ni de odio. Por carta no me llegan ni las facturas!

El mundo es ahora más inmediato; ni se miran los buzones ni se espera una semana a ver tus fotos reveladas.

[…]

Pero atención a la casualidad, que poco después de escribir estas palabras, salió el tema de las cartas en el grupo de whatsapp de mis amigos (con repaso a las direcciones de toda la peña). Esto es lo que ahora llaman “sincronicidad” y que antes conocíamos como “puñetera coincidencia”. Pensar en alguien y encontrárselo o ir a verlo al teatro y que dos días después se muera (como me pasó a mí con Pedro Reyes), que se te rompa la batidora y aparecer en tu mesa de la oficina un papel de reparación de electrodomésticos, ver mariposas blancas y recibir una carta, hablar de algo y que suceda… No sé qué nombre le corresponde, si casualidad, destino o telepatía; pero que pasa, es verdad.

 

Una lástima que no me sirva de nada con la lotería de navidad!

Espero que en otras cosas me sonría la dichosa sincronicidad… Lunes. Buenos días!

04.04.2016

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Sí que es verdad que yo me encuentro cosas raras de vez en cuando; piscinas hinchables (e hinchadas) en el contenedor de basura, piedras con forma de torso, naranjas con el culo en forma de ano, locos en el metro, misteriosos botes escondidos de lentejas… Esos me los encontré una vez haciendo limpieza en la cocina; desmonté el embellecedor de los muebles de abajo y allí estaban camuflados detrás de una pata. Dos tarros con bien de lentejas en un estado de semi cocción -nada apetecible, por cierto-. Me dio algo de reparo tirarlos porque se supone que son símbolo de buena suerte, pero luego pensé que prefería invocarla de un modo más aséptico congelando una pata de conejo o un cuerno de unicornio o algo por el estilo, no sé…

 

El caso es que mis pequeñas curiosidades se quedan en barro al lado de lo que se encontró la semana pasada un señor paseando por la Casa de Campo. Lo habréis oído en el telediario: se encontró un delfín muerto y semi disecado. Y aquí es cuando se abren las puertas del misterio… Un delfín muerto en la Casa de Campo!!??

 

Hasta donde llegan mis conocimientos hidro-geográficos, las grandes masas de agua salada que frecuentan dichos mamíferos no abundan por esta nuestra comunidad del puñetero centro peninsular, por lo que la posibilidad de que llegara nadando y desfalleciera parece descartada. Ergo, alguien debió de depositarlo tras aquellos arbustos! Y digo yo… Quién en su sano juicio agarra un delfín en avanzado estado de descomposición, lo envuelve en una malla metálica y lo abandona en  la Casa de Campo?… Es más, quién -que no sea un taxidermista chiflado- conserva semejante espécimen en el cuarto de al lado?

 

Nadie conoce aún los hechos. Dudo mucho que nunca los conozcamos (excepto el autor del acto). Sólo podemos imaginarlo; elaborar hipótesis con un aderezo de locura que pueda dar sentido al hallazgo. Desde un coleccionista de huesos impaciente hasta un Liberad a Willy malogrado por el GPS. Porque esta es la típica historia que si no la ves en el periódico con foto al lado y un policía como testigo de cargo, no te la crees…

 

Lunes. Llueve y no acaba de amanecer. Y mi nariz no deja de aumentar el caudal de agua, por si llegan más mamíferos marinos sin fenecer… Buenos días!

09.10.2015

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En mi casa -que es bastante normal- pasan, de vez en cuando, cosas raras.

No raras como en la película esa de Guillermo del Toro que ahora anuncian; por suerte para mi integridad física y mental, yo no tengo ninguna cumbre escarlata; raras -digo- en el sentido de curiosas… Por ejemplo el día que limpiando los bajos de los muebles de la cocina me encontré dos botes de lentejas. Así sin etiquetar ni nada, lentejas medio cocidas y metidas en dos botes, escondidas tras un embellecedor. Supongo que se las dejarían los antiguos inquilinos pero no me negaréis que es cosa extraña. Con qué objeto uno oculta unas lentejas embotadas? Para atraer la suerte así, a la italiana??

Pero no hablaremos de pajas en ojos ajenos, teniendo buenas vigas en los propios. Que mi última gracia fortuita ha sido encarcelar un corazón. Terrible, no?

La cosa es que mi caldera (que para más INRI se llama ‘tronca’ porque los cachondos de las lentejas debían ser aficionados al Scartergories y despegaron las letras COINTRA para pegarlas con más guasa) antaño lucía una superficie blanca de lo más convencional que me resultaba un tanto aburrida, así es que un buen día le pegué una pizarra roja en forma de corazón que adquirí a un módico precio en una tienda de decoración. Hasta ahí vaya que vaya. Pero recientemente he tenido que modificar mi armario y colocar un cajón donde antes había una cesta, de tal manera que me he quedado con una bonita cesta IKEA de un metro por sesenta literalmente colgando de la caldera porque no he encontrado otro sitio donde ponerla. Y como mi Diógenes galopante me impide tirarla he acabado haciendo yo misma la gran gracia… Ahora convivo con una tronca de gran corazón encerrado sin premeditación! Curioso, no?

Pues eso. Que esperemos que se quede meramente en el anecdotario no alegórico! Viernes. Buenos días!!

 

Caldera corazón encarcelado

03.06.2015

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Igual que -como ya he confesado por aquí- me pasa a temporadas que me levanto con una canción entre ceja y ceja, otras temporadas me levanto con palabras que me aletean por la cabeza.

 

Suelen ser vocablos resonantes y hasta rimbombantes que no guardan relación alguna con nada que me haya sucedido durante el día. O nada, al menos, de lo que yo tenga constancia.

 

Palabras que en ocasiones ni siquiera sitúo en el mapa; como Pernambuco. Que me despiertan la curiosidad. Que estoy deseando materializar. Pero… Cuándo Pernambuco puede una meter semejante palabra en una conversación normal??

 

El caso es que creo que mi sueño o mi mente o mi espíritu imperecedero todo lo más, algo me querrán hacer notar. Así es que me pongo a investigar…

 

Y me dice la Wikipedia -que digo yo que será verdad- que es un estado de Brasil, o el antiguo nombre de una ciudad de allí o el sobrenombre de la Caesalpinia echinata, una planta de aquella zona. Pero eso no me cuadra, así es que navego un poco más allá de los límites de la santa webciclopedia y me encuentro que Pernambuco es también uno de los lugares que Mortadelo y Filemón elegían para escapar de sus trastadas y que en España lo usamos, además, para señalar un punto muy alejado en el mapa… Una especie de antípodas ficticias que existen en realidad.

 

Acabáramos! Ya está!! Lo que me dice mi mente es que debo escapar… No sabía que se tomaba tan a pecho el puente que empieza mañana. Así es que nada, feliz y largo fin de semana. El que me quiera encontrar ya sabe dónde Pernambuco me puede buscar. Buenos días!!

28.10.2014

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Siempre he entendido la curiosidad como una manera de enfrentarse a la vida. En concreto, mi manera.

 

También es verdad que aplico el término con cierta sutileza muy alejada de la acepción que la encadena a esos diseccionadores de corazones ajenos que encuentran su espacio en los medios.

 

No. Mi curiosidad no es eso. Es una sucesión de ojos y oídos abiertos que me empuja a viajar por todos los conocimientos que no tengo. Igual me eclipsa la materia oscura del universo que el sistema reproductivo de un cangrejo. Es la fascinación continua por este mundo nuestro tan complejo. Mi curiosidad vital, esa que llevo adherida al ADN y tatuada en un brazo, es la capacidad de la que me enorgullezco de interesarme absolutamente por todo lo que veo.

 

A pesar de eso, esta vena inquisitiva mía no acostumbraba a internarse por puertas entreabiertas de otros y, sin embargo, el otro día lo hizo. Sin malicia pero sin remordimientos abrí una caja de secretos que no eran propios. Y he terminado con un saber que probablemente no quería, ni era necesario, ni sé muy bien cómo manejarlo. Y aunque diste mucho de ser la caja de los truenos, comparte con ella algo: lo que una descubre ya no se puede volver a meter dentro.

 

Por eso hoy me planteo de qué murió exactamente el gato curioso y si la interrogación que me abandera no será, a la par que una bendición, una condena.

 

Martes. San Judas, qué ironía. Buenos días!

17.06.2014

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Segundo día del micro-experimento.

Martes. Buenos días…

Microcuento 170614
Le advirtieron que no cruzara esa puerta, que hay candados que no conviene quitar, pero nadie le dijo que era igual de peligroso atisbar desde la ventana.

13.03.2014

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Me pasa mucho que la gente me pregunta insistentemente cosas que no sé ni por asomo y, por más que les reconozca mi ignorancia sobre el asunto en cuestión, siguen preguntándome. Me di cuenta el otro día cuando -avatares del destino- acabé viendo un partido de fútbol con mi madre en la sala de espera del dentista. Aunque es mi madre, me conoce y sabe que el fútbol me la trae al pairo, me preguntó desde la improcedencia de un corner hasta el apellido del portero ¡! No sé qué me sorprendió más, si que mi propia progenitora tenga esas inquietudes o que espere que yo pueda resolverlas…

Pero debe ser que tengo cara de libro gordo de Petete porque esto me pasa más veces: impertinentes que te preguntan en las paradas de autobús por el servicio completo de líneas de la EMT sin mediar un ‘por favor’ ni un ‘gracias’, clientes que esperan que yo les conteste sus dudas existenciales… hasta Mati, mi compañera, que aunque suele consultarme a diario sobre el abecedario y ahí me crezco, en ocasiones te plantea preguntas de anexo de tesina doctoral… Aunque la palma, sin duda, se la llevó mi padre aquella vez que me llamó para que le dijera los horarios de los trenes de Madrid a Salamanca y que, cuando le pedí un minuto para poderlo consultar, me dijo que no, que no, que se los dijera de memoria!!

Si yo nunca he negado mantener relaciones íntimas con el signo de interrogación y reconozco pecar de lo mismo que el gato, pero de momento -queridos familiares, amigos y conocidos- NO LO SÉ TODO. ¡Qué más quisiera yo! De momento comparto lo que sé; que es jueves, San Rodrigo y que en siete días será primavera. Buenos días!!