tormenta

09.06.2017

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Un relámpago ilumina el cielo nocturno mientras lo secciona por la mitad. La tormenta no llega a la tierra. La lluvia no descarga, no alivia la presión atmosférica, por lo que la electricidad sigue campando a sus anchas por la bóveda celestial.

 

En el pequeño hotel “El Paraíso”, puede escucharse el rumor sordo de la batalla: los truenos que alcanzan su cúspide con un crujido desgarrador, para después quedarse en el aire como un batir de antiguos tambores. Una y otra vez. La luz y el sonido pisándose los talones, en un despliegue excepcional de poder que sobrecoge a cualquier mortal que lo contemple.

 

En una cama del hotel, retozan dos amantes. Sus cuerpos desnudos se entrelazan en un solo verso, sin puntos ni comas. Se buscan, se beben, se devoran; para separarse un instante y buscarse otra vez. Bailan al son de la tormenta, desafiando en el diminuto navío que es su cama la mayor de las tempestades. El tiempo ha hecho un paréntesis en su deambular, eclipsado por la pasión de los que saben que el correr de las horas es lo único que no corre en su contra. Mil vidas después, la furia amaina, se encoge hasta el tamaño de los dos corazones que laten aún deprisa, recuperándose y que se miran con devoción, intentando respirarse.

 

-Va a enterarse, mi amor. De un modo u otro, lo descubrirá. Lo he visto cientos de veces. Y no temo por mí. Ya he vivido mucho más de los trabajos para los que nací. Lo que me inquieta es lo que pueda hacerte, el cruel castigo que pueda derramar sobre tu espalda- Dice mientras acaricia ésta dulcemente con la yema de sus dedos.

 

-Para ser tan fuerte y tan valiente, pecas en exceso de temeroso, cariño mío. Nada puede hacerme, su ira no me alcanzará. No es posible-

 

-No la conoces, Freya, su ira puede atravesar Asgard y todos los mundos con tal de arruinar mi felicidad. Hera me odiaba antes siquiera de existir. Soy el orgulloso fruto de la infidelidad de Zeus, su marido, mi padre. ¡Intentó impedir  mi nacimiento, me convirtió en un monstruo, logró que la locura me cegara de tal manera que maté a mis hijos, Freya, a mis propios hijos! Nunca pude volver a mirar a Mégara a la cara. Mancilló lo mejor que había en mí. Y por más que mate a la Hydra, robe las manzanas de las Hespérides, capture Toros en Creta o al perro Cerbero en el mismísimo infierno, la redención es efímera para mí. Ninguna penitencia me mantiene a salvo de mi propia conciencia, amor. Y no hay Valhala que te proteja a ti. –

 

-No me conoces, mi amado Heracles. Yo soy el amor y la belleza, soy la vida… Pero también la muerte y la magia. A mí me pertenecen la mitad de los caídos en combate. Mi ejército no tiene fin. Ni mi poder. Yo también tengo enemigos, Loki no ceja en su empeño de atormentarme: intentó robar mi collar y me acusó de yacer con todos los dioses. Pero soy fuerte y ya he llorado lo suficiente, lloré oro sobre las piedras y ámbar sobre los mares. He buscado el amor de Odur por más mundos de los que existen y he acabado encontrando el amor aquí, en tus brazos, en un tiempo y un espacio que son imposibles… Sólo cuando llegue el Ragnarök tendré que someterme a mi destino, pero hoy mi destino eres tú.-

 

-Tus palabras me encienden y me elevan, mi bella Freya. Me hacen creer en el futuro. Tal vez si una magia más fuerte que los propios dioses ha querido reunirnos a ti y a mí, haya un lugar más allá de las leyendas donde el odio no nos alcance, donde aquellos que son tan diferentes puedan amarse sin temor a sufrir. Un lugar en el que las religiones y las familias no nos acechen y la mitología no sea más que un cuento que se lee a los niños para dormir…-

 

La tormenta vuelve a desatarse fuera con intensidad mientras los amantes se besan de nuevo cada vez más a prisa, inflamando el fuego de la pasión compartida.

 

En ese momento, se enciende la luz, se abre la puerta. Un tipo con uniforme azul de poliéster y gorra de plato contempla la escena que se desarrolla a sus pies.

 

-¡Joder, qué desastre!- masculla entre dientes.

 

Ha vuelto a dejarse la ventana abierta y, con el vendaval que ha provocado la tormenta, los libros se han vuelto a caer. El tipo es un entusiasta de los juegos de rol, los cómics, los personajes mitológicos y los seres fantásticos.

 

Resopla, se agacha y contempla los dos libros abiertos que han caído uno sobre el otro: Introducción a la Mitología Clásica y los Edda, leyendas e historias nórdicas. Cierra el primero de un plumazo sin detenerse a contemplar la maravillosa ilustración de Hércules por la que estaba abierta y toma entre sus manos el segundo, en el que se para a contemplar la larga melena rubia y los bien definidos músculos de la diosa Freya…

 

-Vaya pedazo de tía. Eso es una mujer y no los despojos que llegan a esta mierda de hotel… El paraíso ¡ja! El paraíso del aburrimiento, le deberían poner porque para lo que hay que ver… Si no fuera por el sueldo al final del mes y la habitación gratis aquí iba a quedarse su padre-

 

¡Su padre, su padre! Repite la pareja de loros del conserje. Cierra este libro también y coloca los dos volúmenes en el estante. Mira a Loki y a Hera un instante antes de volver a la recepción del hotel.

 

Qué curiosos estos loros, tienen una mirada tan inteligente… a veces hasta  parece que ríen.

 

07.03.2016

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El cielo se llena algunas veces de nubes de tormenta. No descargan lluvia porque tú no las dejas, pero ensombrecen un panorama que habitualmente te parece hermoso.

 

En esas ocasiones te gustaría tener un dispersador de vientos gigante, una especie de tubo hueco y largo al que -aplicándole el grito ese que se te enreda esos días en los pulmones- dejara claro y soleado el horizonte.

 

Pero no lo tienes. Y entonces te paras a pensar que, quizás, si en alguna bifurcación del camino que no viste hubieras tirado por un sendero diferente, hoy el paisaje sería otro muy distinto también. Pero para tomar esa ruta te haría falta una maquina del tiempo. Un artilugio con el que ir del siglo XV al XXIII fuera como plantarte en Cuenca a la hora de comer. Y aunque nadie confirma ni desmiente su existencia, el caso es que tú no la tienes.

 

Así es que la solución podría ser que tu vida estuviera escrita en un libro de los de “elige tu propia aventura” que pudieras leer con trampas: volviendo al punto de partida cuando no te convence por dónde va. Pero eso tampoco puede ser. Ni maquinas del tiempo ni libro al que engañar.

 

 

Miras tus bolsillos y encuentras lo de Manolo García: arena. ¿Y qué se puede hacer con eso? Una senda. Piensas que lo único que puedes hacer es caminar. Y andar, al fin y al cabo, sólo consiste en echar un pie delante dejando el otro detrás. Un paso, otro y otro más. Y aunque al hacerlo nada cambia, te engatusa la sensación de avanzar. Que no es lo mismo ver los nubarrones en el horizonte que encarar a frente alta las tormentas que vengan.

 

Es lunes. Y parece que se pone soleado al final. Buenos días!

21.10.2015

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La otra noche se me metió un océano en el oído. O eso creo al menos…

Veréis, llevo un tiempo sospechando que he perdido algo de audición por el oído izquierdo. De día todo va bien, yo diría que no preciso de trompetilla; pero, por la noche, en la cama, cuando me acuesto sobre el moflete derecho, no escucho absolutamente nada. Y pensaba que era porque mi casa es bastante silenciosa -que lo es- pero, cuando no caigo anestesiada sobre las sábanas y tardo un rato en conciliar el sueño, acabo dándome media vuelta y girando el cuello y ahí, al destapar el oído derecho, sí que oigo ruidos!!

Conclusión: o da la puñetera casualidad que los sonidos se sincronizan con mis vueltas en la almohada o ya están, pero con el izquierdo no me cosco de nada.

Pero eso no es todo. La otra noche, además del citado proceso, al girar el cuello empecé a escuchar el mar: el lento batir de las olas contra la playa, como cuando pegas la oreja a una caracola. Y ya no sé si tengo el océano dentro o fuera, pero como la habitación no está mojada, deduzco que soy yo la que tiene marejadas… Y aunque asumo que en ocasiones pueda sufrir tormentas interiores que afecten a la inestabilidad de mis fluidos, me extraña un poco que éstas sean audibles ¿no?

En fin, cosas más raras se han visto. Que se lo pregunten si no a Marty McFly, que hoy llega al futuro. Miércoles. Buenos días!

13.07.2015

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Algunas veces derrapo en mi propia libido que se desata, se descontrola e incluso se derrama en los bajos fondos de mis nocturnidades. Aunque la noche no sea imprescindible en tales hazañas. Es la imaginación y no la hora del día la que peca de procacidad. Siempre he pensado que el mejor cine porno se proyecta dentro de la cabeza. Y es porque la mente -además del metro de Madrid- vuela. Y es capaz de volar a bajo coste, además; despega con una mirada un tanto pícara o un ligero roce de pieles que puede ser inocente.. O no. Y es de ese “o no” de dónde el sexo se cuelga. Se cuelga, se columpia y se balancea. Como un pulso que se hace impulso naciendo de una sutileza y que comienza a crecer detrás de las cejas para acabar retumbando entre las piernas. Como una tormenta. Una tormenta eléctrica que maximiza los receptores nerviosos de tus extremidades, de tal forma que percibes con claridad meridiana el abismo de tres milímetros que os separa. Dos brazos o dos piernas que, en una curva un poco más fuerte, se rozan ligeramente de forma tan poco inocente…

Pero Despeñaperros ya no es lo que era; las curvas son más suaves y cuando abres los ojos por completo y te detienes a observar con atención al objeto de tu deseo te das cuenta de que es precisamente eso: un jarrón, como cualquier otro, incluso tirando a feo. En el que tienes clarísimo además que no quieres poner tus flores. Y que lo que te ha dejado sudando desde fuera hacia dentro no era la compañía si no el propio juego.

Un curioso efecto. Pero es que a los que tenemos tendencias ludópatas nos pasa de vez en cuando eso…

Lunes. La semana comienza. ¿Echamos los dados? Buenos días!!

13.10.2014

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Ya sé que el viernes estuvo pasada por agua la cosa, pero es que hoy me toca hablar de nuevo de la lluvia que, en general, me parece un tanto engorrosa. Es como la arena en la playa: tiene su lado bueno, puede ser divertida y es necesaria, pero tiene un ligero inconveniente: moja.

Si te pilla animada, te la pones por montera y pasas de ella hasta que escampa. Pero cuando persiste y te empapa no le encuentras ya la gracia: los vaqueros te pesan, los pies te hacen chof-chof en tus zapatillas inundadas, se te corre el rimel por toda la cara y te sientes como una gamba mal descongelada.

Aún así, en las peores circunstancias, la lluvia en Madrid es capaz de obrar su magia; transformar un sábado de estos tontos en el recuerdo estupendo de una aventura urbana: cuando te toca enfrentarte al juicio final en forma de diluvio universal atrincherada en la terraza de un bar bajo una sombrilla, con una amiga con más sentido del humor que toda la plantilla del Club de la Comedia, una pareja con cara de circunstancias, una pandilla que celebra los truenos brindando con algo que parece café servido en copas de cava y un senegalés simpático que ha hecho el agosto vendiendo paraguas. Cuando las calles a tu alrededor se han convertido en ríos y la luz verde de un taxi es la esmeralda más preciada, la adrenalina se te dispara y piensas que tienes súper-poderes, como convencer al agua de que caiga recta y, si funciona, reírte más cuanto más llueve.

El gran súper-poder que en este país solemos tener es más o menos ese: encontrarle el chiste a la buena vida, a la mala e incluso a la muerte.

Lunes. Hoy también llueve. Buenos días!!

10.09.2014

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Ya sé que algunos perros les tienen pánico y que los animales no son inmunes a la desorientación que a veces produce, pero nunca había visto que una tormenta pusiera tonto a tanto bicho como la de hace unas semanas. Estábamos campeando por tierras del Cid y nos pilló un tormentón -más o menos similar a la que cayó por tantos otros lugares- que, curiosamente, dejó a la fauna local con un tornillo suelto.

 

No es sólo haber matado a un pájaro -no acostumbro, pero a veces sucede- que se empeñó en meterse entre mis bajos (los del coche), es que tuve que esquivar otros pocos que intentaban estrellarse; amén de un perro, que tenía una vena suicida o quería ligar con mi rueda derecha (la del coche) o  detectó el olor a pájaro muerto,  yo que sé.

 

Pero lo más grande no es la enajenación mental transitoria de algunos animales, lo grave es la pedrada que tenemos los de nuestra propia especie, al menos los madrileños, que también nos volvemos locos cuando llueve: el tráfico lleva dos días imposible y empiezo a plantearme seriamente salir a la calle con armadura completa para protegerme; no de la lluvia, que moja pero no duele, si no de los que usan los paraguas como lanzas cada vez que pueden!!

 

Por favor, señores usuarios de esas peligrosas armas llamadas paraguas, los que no los usamos también tenemos derecho a caminar por la acera, cruzar los pasos de cebra y entrar en los portales; no intenten extirparnos un ojo con las varillas al menor descuido ni sacudir sus paraguas mojados sobre nuestros abrigos y así, todos tan amigos!!

 

Viernes como el huevo: pasado por agua. Buenos días y que disfrutéis del finde!

22.09.2014

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Mi madre lo dice mucho: lo más inteligente (y lo más diabólico) es ir dejando que la rana se vaya cociendo poco a poco. No escaldarla de golpe, que se asustaría y abandonaría el caldero de un salto.

 

Y me temo que el cambio ya ha comenzado. Sutilmente al principio, pero sin retorno ya. Primero cayó una hoja, al día siguiente fueron dos… Después vino una tormenta, de la que el termómetro no se recuperó. Fuimos dejando los tirantes tirados en el armario y paseando de nuevo chaqueta y pantalón.

 

El otoño nos acechaba quedamente desde el recodo de este mes en el calendario y esta noche, por fin, se instalará entre nosotros.

 

Y lo que me duele no es esta estación de colores intensos y vientos perfumados, lo que me lastra es saber que, como en el libro de Martin, se acerca el invierno. Me pesan los minutos de luz que cada día se van esfumando, me escuece la distancia que nos separa del próximo verano. Hoy me mata saber que cada primavera florece,  pero un poco menos y que cada equinoccio seca una rama más de mi propio árbol… Aunque mañana estos pensamientos se los lleve también un viento frío de otoño.

 

Lunes, buenos días.