sueño

15.12.2015

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Normalmente, a los estudios pseudo científicos estos que antes rodaban por el correo electrónico y ahora anidan en cualquier rincón del Facebook no suelo ni creerlos ni prestarles mayor atención, pero el otro día tropecé con uno que me ha encandilado.

 

Resulta que científicos de la Universidad de Stanford han determinado que se produce una correlación negativa entre las horas de sueño y el Índice de Masa Corporal, de tal manera que estos señores de reputada carrera e intachable trayectoria, han dedicado sus esfuerzos y trabajo a limpiarme a mí de mala conciencia y darme la excusa perfecta porque así -amparándome en sus conclusiones- los kilos que me sobran no son por dar rienda suelta al hedonista placer de llevarme una delicia a la boca, si no a la involuntaria desgracia de dormir menos que una farmacia.

 

Pero eso no es todo… Por lo visto, también influye negativamente en la presión arterial, el estómago, el páncreas y los reflejos, que según dicen, se igualan a los de alguien que ha bebido cinco copas (¡!)

 

Ergo, estas Navidades, cada vez que beba una cañita, echaré una cabezadita; que me paso con el tostón, me duermo un siestón y caso de que se me vaya la mano con el ron o el turrón, le pienso echar la culpa al colchón!!

 

No sabéis que paz me han dado los de la bata blanca y el doctorado. Y así, si duermo tranquila, me quito un peso de encima!

 

Martes de aproximación a la Navidad. Cuidado! Que como dice una amiga mía, cuando termina el adviento, empiezan las tempestades. Buenos días!

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18.09.2015

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Estoy convencida: me traiciona mi propio subconsciente… La otra noche, que me quedé estampada cual cromo en el sofá, abrí un ojo a las cuatro de la mañana despistada, algo asustada y con una palabra esquiva que no dejaba de rondar mi mente: Amunike.

No me sonaba de nada, pero por pura fe en las propiedades extra cognitivas de mi ego durmiente, decidí ignorar el sueño que me embargaba y consultarlo con San Google, a ver si él sabía el por qué… Y resulta que averiguo que el tal Amunike era (o es, no sé) un jugador de fútbol especialmente mentado por una posible relación paterno-filial con otro de esos jugadores (¿mande?).

Como no le encontraba ni el chiste ni relación alguna con mi futuro inminente, pensé que en las confusas aguas de mis despertares impenitentes, había bailado cual disléxico las consonantes y que la palabra misteriosa que aún resonaba en mis adentros no era Amunike si no Amukina e, ignorando de nuevo unos párpados que no se tenían en pie, abrí otra pestaña de Google, gracias a la cual me enteré de que Amukina es el nombre comercial de un producto singular para lavar y desinfectar frutas, verduras y similares (¿mande [otra vez]?)

¿Pero esto qué leches es? En las pelis, cuando uno se despierta y dice “Amunike” (o “Amukina”) es que tiene una revelación!! Un dato que resuelve el asesinato, o el futuro del mundo o, como poco, el puñetero jeroglífico de hace un mes!! Pero el gilipollas de mi subconsciente me despierta, me dice tonterías que tengo que buscar en Internet y que no significan un ardite y, para colmo, me deja sin dormir el resto de la noche ¡¡¡!!!

Hombre por favor. Que Manolo García ya hace mucho tiempo que lo sabía: Si lo que vas a decir no es más bello que el silencio.. ¡Cállese usted, señor subconsciente!

Viernes. Buenos días… Y buenas noches!!

08.09.2015

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En la pared del corral donde me ducho en verano me ha salido un mapamundi completo. El problema es que el mapa no es exactamente del “mundo” que conocemos. Están todos los continentes, pero un poco revueltos; como si la deriva continental que separó Pangea hubiera acontecido de forma similar, pero diferente.

Y recordé esa teoría que algunos mantienen según la cual nuestras decisiones a lo largo de la vida van abriendo infinitos universos paralelos según las distintas posibilidades. Con lo que he concluido que puede ser perfectamente que un baile diferente de las placas tectónicas que separara de otro modo los continentes, originase también un universo paralelo en el que el mapamundi, fuera ese.

La cosa es: una vez aceptada la teoría del multiverso y asumido que ese dibujo del globo terráqueo es posible… Cómo ha llegado éste a mi corral? Porque ahora dicen que los pasillos por los que hacer el trasbordo de un universo a otro son los agujeros negros, ergo, no sé si he tenido un amago de eso en mi propio patio trasero. Que no me extrañaría demasiado, porque disfruto tanto duchándome con agua fría y a cielo abierto en ese punto, que puedo haber despertado la voracidad de un agujero de esos…

Y la otra gran cuestión: en ese otro mundo parecido al nuestro, también es un martes de septiembre despistado en el que mis ojos son dos agujeros negros henchidos de sueño??

Buenos días. Ahí lo dejo.

03.06.2015

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Igual que -como ya he confesado por aquí- me pasa a temporadas que me levanto con una canción entre ceja y ceja, otras temporadas me levanto con palabras que me aletean por la cabeza.

 

Suelen ser vocablos resonantes y hasta rimbombantes que no guardan relación alguna con nada que me haya sucedido durante el día. O nada, al menos, de lo que yo tenga constancia.

 

Palabras que en ocasiones ni siquiera sitúo en el mapa; como Pernambuco. Que me despiertan la curiosidad. Que estoy deseando materializar. Pero… Cuándo Pernambuco puede una meter semejante palabra en una conversación normal??

 

El caso es que creo que mi sueño o mi mente o mi espíritu imperecedero todo lo más, algo me querrán hacer notar. Así es que me pongo a investigar…

 

Y me dice la Wikipedia -que digo yo que será verdad- que es un estado de Brasil, o el antiguo nombre de una ciudad de allí o el sobrenombre de la Caesalpinia echinata, una planta de aquella zona. Pero eso no me cuadra, así es que navego un poco más allá de los límites de la santa webciclopedia y me encuentro que Pernambuco es también uno de los lugares que Mortadelo y Filemón elegían para escapar de sus trastadas y que en España lo usamos, además, para señalar un punto muy alejado en el mapa… Una especie de antípodas ficticias que existen en realidad.

 

Acabáramos! Ya está!! Lo que me dice mi mente es que debo escapar… No sabía que se tomaba tan a pecho el puente que empieza mañana. Así es que nada, feliz y largo fin de semana. El que me quiera encontrar ya sabe dónde Pernambuco me puede buscar. Buenos días!!

24.04.2015

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Entre el sueño y el sexo discurre un sendero oscuro y serpenteante.

Junto a las curvilíneas eses de sus iniciales, se dibujan otras curvas: la de una espalda y la del cuerpo del contrario que la guarda.

En la vigilia densa de dos seres que fluctúan entre el dormir y el darse placer vuelan ligeras unas manos que tan pronto acarician como se detienen, con el rumbo perdido entre sábanas y pieles.

Es el territorio incierto de una cama, en ese siglo que transcurre entre la noche y la madrugada, con la historia narrada en instantes difusos en los que no caben palabras. Donde el sudor y los sueños llevan la comparsa y el tiempo no se mide en minutos, si no en tactos y pausas.

Y mientras Morfeo se esmera en cerrar párpados, Eros se la juega abriendo labios. Y como marionetas de un guiñol para adultos, cada acomodo reduce el espacio propio, aumenta los latidos, enciende los sentidos y crece la presión hasta que el calor se hace tropical: no sólo intenso, si no terriblemente húmedo.

A esas alturas no queda ya ruta de retorno. Las llamas han hecho presa en la carne y las ganas le imprimen urgencia a lo que antes era un mar en calma. Un mar en falsa calma. Una cama navegando por un mar que no conoce la calma… Como saben aquellos que han transitado ese camino, no es lo mismo estar durmiendo, que estar dormido.

Viernes… ¿estáis despiertos? Buenos días…

04.02.2015

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La Fórmula de la Felicidad. Día 3

Sí, puede usted apuntarlo. Sé que era miércoles porque son los días que salgo un poco más temprano del trabajo y quedo con mi primo Mario, que vive en la calle de al lado. Él me está ayudando, sabe? Es un buen tipo. Me hace reír; me escucha.

Ese día, sin embargo, casi nos peleamos. La conversación giraba en torno al único tema posible esa semana: la dichosa fórmula. La acababan de patentar y él estaba dispuesto a ser de los primeros en probarla. Me dijo que, de todas formas, en su vida no tenía nada; el amor nunca le había alcanzado a base se saltar deprisa de cama en cama; el trabajo no le apasionaba, era un mercenario que cumplía con su jornada; de salud pichí-pichá; los amigos eran de paso; ninguna afición le llenaba. Y nunca había creído en milagros, pero le parecía absurdo no aprovechar un avance de la ciencia de esa calaña.

Tuve que morderme la lengua casi hasta reventarla. En realidad, siempre había sido yo el de la existencia atormentada; siempre buscando un sueño impreciso, una quimera, el modelo ideal de una vida cuyos contornos apenas se dibujaban. Siempre inconcluso, inquieto, imperfecto… incapaz de encontrar la manera de encontrar la pieza que faltaba en mi propio rompecabezas. Infeliz, vaya. Y, sin embargo, yo no quería tomarla. Si llevaba tantos años buscándola y ahora la ingería en una ampolla, ya fabricada, mi vida no habría valido nada…

Allí le dejé con su decisión y su sonrisa anticipada. Empezaba a refrescar… Le di los buenos días y me fui a casa.

12.01.2015

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La mística no está sólo en los templos, ni en los paisajes abiertos, ni en la quietud del agua de un estanque; a veces la mística está en movimiento (como la ídem de X-Men): la mística de viajar. Verbigracia, escapar de Madrid un lunes al amanecer te da dos bofetones místicos muy de considerar.

 

Lo que era noche se va partiendo al fondo en una sinfonía marciana de cielos naranjas; las luces del extrarradio dibujan el mapa estelar y las farolas, en vez de iluminar, esconden la vulgaridad de un polígono al azar. Pero el paisaje no deja de cambiar; la luz del sol que -por custodia compartida- había estado calentando otras latitudes, aprieta por debajo de la línea del horizonte y va recortando siluetas en los jirones de la ciudad que vas dejando atrás. Y cada minuto, amanece un poco más, que eso de alumbrar un día nuevo requiere de su tiempo y de su técnica. Los naranjas del horizonte destellan en violeta antes de ceder al azul y la carretera empieza a asentarse entre lomas peladas y naturalezas muertas de las que sólo habitan en la autovía. La mañana le está ganando el pulso a la nocturnidad y va matando sin tortura la bisexualidad del amanecer de un Madrid que nunca duerme pero sabe despertar.

 

Y yo, que ya he visto el espectáculo programado para este día ya no puedo centrar la mirada ni la conciencia en el móvil que recoge estas palabras. Los rayos caen sobre mis pestañas y los ojos se me cierran, se cierran, se cierran. Voy a dormir ya. Buenos días!

 

(P.D.- El texto, por cierto, es tan verídico como tramposo: está escrito un lunes -eso es cierto- pero no exactamente hoy, si no hace dos semanas, cuando las vacaciones estaban en el futuro inmediato y no en el recuerdo…)